Entendiendo los epígrafes

Para que la labor de hacer los epígrafes cuente con una pauta segura, podéis echarle un vistazo a los dos ejemplos que están reseñados en la wiki. La lista debería ir ampliándose según avancemos el curso y según vayamos contrastando nuestro trabajo con el que otros han hecho antes que nosotros.  Cuestiones fundamentales a la hora de elaborarlos son: 

En primer lugar se trata de textos cortos. Eso supone que lo que en ellos escribamos debe ser esquemático, relevante y contar con una lógica narrativa clara. Pensad en géneros como el del cuento, donde en un pequeño espacio literario puede desarrollarse una historia completa.

Cuidad el lenguaje, tenéis que demostrar (o disimular muy bien) que manejáis un lenguaje histórico adecuado y con cierta soltura. No pueden aparecer referencias vagas, vulgares o en argot, procurad ir trabajando esto a lo largo del curso. El lenguaje deber ser culto y debe tener sentido (tampoco se trata de que paséis por ser pedantes o botarates).

Seguid una estructura narrativa, estáis contando una historia, corta pero historia al fin, no puede ser una simple colección de lugares comunes. Sed precisos pero sed también preciosos, que vuestro lenguaje lo sea.  

Como a todo se aprende haciendo…… así que cuantos más hagáis, más interés os toméis en hacerlos y más leáis, los resultados serán mejores. No hay milagros……. ni inspiración que valga. 

Y ahora con Wiki…..

Las wikis son una de las herramientas más interesantes de trabajo colaborativo que nos ofrece la Web 2.0. El principio fundamental de todo conocimiento supone que éste ha de ser compartido y contrastado,  en la Wikipedia encontramos un magnífico ejemplo. La Wikipedia es conocida tanto por su uso como por algunas controversias en torno a su fiabilidad científica. Pero lo que resulta indudable es la capacidad de la Wikipedia para  compartir y organizar la información en la red. Esta gigantesca enciclopedia en red construida por cientos de colaboradores y constantemente actualizada y agigantada, se ha convertido en una referencia y un ejemplo de actuación. Los contenidos están sujetos a licencias commons cuya esencia es precisamente la colaboración, sus contenidos son constantemente visados por voluntarios y espontáneos especialistas que depuran errores y reconstruyen los destrozos de vándalos o ignorantes. 

Cualquier lector de literatura científica observará que los textos de estos trabajos se deben no sólo a las aportaciones del autor sino al concurso de muchas otras inteligencias, las anotaciones (notas a pie de página), las bibliografías e incluso la pertenencia a determinados paradigmas científicos dan sentido y certifican, en comunidad, la validez de lo escrito. Cualquier obra del ingenio humano debe mucho a otros, caminamos a hombros de gigantes, conviene no olvidar por lo tanto que más allá de nuestra genialidad está la aportación de muchos individuos que han contribuido a armar nuestro pensamiento y a resolver muchas de nuestras incógnitas. El trabajo intelectual y en especial el trabajo científico  es el resultado de los esfuerzos de una comunidad. 

La escuela, gracias a las nuevas tecnologías, tiene ahora la oportunidad de transitar por esos caminos. Es cierto que el profesor, la clase o la institución seguirán dando una base y una estructura al conocimiento, pero resulta cada vez más evidente que la mayor parte de ese conocimiento escapa a los muros del aula. Conviene además que el alumnado se acostumbre a manejar informaciones diversas y abundantes, pues parece que el problema al que nos enfrentamos hoy no es tanto la falta de información sino la avalancha de la misma y por tanto el problema es de gestión y selección de la información más que de búsqueda.  

Un espacio como la wiki, abierta a la comunidad que trabaja junta, en este caso “la clase”, convertida en una comunidad de investigación, nos permite construir nuestra propia información, disponer de las fuentes que de la misma disponemos, en la Red, en los Medios de Comunicación o en la bibliografía. Pero sobre todo, nos permite compartirla, rehacerla, adaptarla y mejorarla entre todos. 

Creo que el esfuerzo merece la pena. 

Bienvenidos a Cronosgeawiki. La Wiki de Cronosgea que nace para los alumnos de 2º de Bachillerato y que recogerá los materiales que sobre esta materia iremos trabajando a lo largo del año.

Hominización

La hominización, el proceso evolutivo de la especie humana desde sus antepasados primates hasta la actualidad, está lejos de estar completada por la ciencia. Son muchos los vacíos, demasiados los interrogantes y las dudas que se mantienen. Los fósiles, especialmente los más antiguos son muy pocos y la mayor parte de la historia de la evolución humana, a pesar de los avances de los últimos cuarenta años, se mantiene en la sombra. No resulta extraño por ello que año a año, según las excavaciones paleontológicas arrojan nuevos datos, las tesis sobre la cronología, la distribución de las especies o las propias especies sufra constantes reformulaciones. Conviene por ello no ir más allá de tres o cuatro años para tener un retrato fidedigno de las investigaciones en esta materia. Detalles tan importantes para la Historia de España que nos ocupa, como la antigüedad de la ocupación humana de la península, han sido recientemente corregidos al alza. Si hasta hace muy pocos años se consideraba la fecha del medio millón de años como más probable para la población peninsular, hoy en día los arquólogos manejan cifras cercanas al millón y medio de años de antigüedad, según los últimos registros fósiles extraídos del yacimiento de la sierra de Atapuerca.

 

Wikipedia

Atapuerca- Gran Dolina. Fuente: Wikipedia

 

Eduald Carbonell, uno de los investigadores que trabaja en Atapuerca, coordinó en el año 2005 una obra sobre la Hominización titulada “Homínidos:Las primeras ocupaciones de los continentes”, donde se hace un retrato extenso del estado de las investigaciones en esa fecha. Para los descubrimientos más modernos debemos acudir a la literatura científica de las revistas especializadas, que suelen ser las que recogen con más rapidez los descubrimientos y las investigaciones.

En este libro de Edual Carbonell,  cuya reseña os pongo en el capítulo  de fuentes, aparece el siguiente cuadro explicativo de la evolución humana. Observad la cronología que aparece a la izquierda y comparar el número de especies de homínidos que se suceden a partir de los cuatro millones de años. Es cierto que los primeros pasos claros en esa evolución de la especie humana aparecen poco antes de los seis millones de años, pero no deja de ser también cierto que es apartir de los tres millones de años que ese árbol fructifica y se complica.

Cuadro Hominización

Cabe hacer una precisión también. La extensión de esas especies por el viejo continente. Parece que la primera especie que sale de África es el Homo Ergaster, que según el esquema de Carbonell es el antecesor tanto de la especie que aparece en Atapuerca, el Homo Antecessor como del Homo Erectus que se extenderá por el contienente asiático. Estas especies y fundamentalmente sus descendientes, como es el caso de los Neandertales, desaparecen unas pocas decenas de miles de años después de la irrupción de la última de las especies africanas, la del Homo Sapiens. Nuestra especie.

Fuentes: Del cuadro y para el texto.

CARBONELL, Eduald (2005). Homínidos: Las primeras ocupaciones de los contientes. Ariel. Barcelona
ARSUAGA, J.L., MARTÍNEZ, I. (2000). La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana. Temas de Hoy. Colecc. Debolsillo. Barcelona
ARSUAGA, J.L. (1999) El collar del neanderthal. En busca de los primeros pensadores. Temas de Hoy. Barcelona

Fuentes en Internet:

Fundación Atapuerca

Atapuerca

Hominización (Wikipedia)

Documentales:

La Odisea de la Especie (2003)

Atapuerca: Patrimonio de la Humanidad (2002)

Películas

En busca del fuego. (1982) Dir. Jean Jackes Annaud

Inicio de la serie La Odisea de la Especie

La Historia de España en 2º de Bachillerato

Nos pueden las urgencias. Este año viene el “coco” de la PAU y algunos de vosotros elegiréis la asignatura de Historia de España para pasar estas pruebas de acceso a la universidad. Nuestra intención es que Cronosgea contribuya a asentar ese conocimiento del que habréis de echar mano en tan apretada ocasión.

Wikipedia

¡Qué viene el Coco! - Francisco de Goya. Fuente: Wikipedia


Algunas consideraciones cabe hacer antes de empezar. La primera, el hecho de que nos enfrentamos a una “Historia nacional”, un recorrido histórico que toma como sujeto el territorio que hoy ocupa esa entidad política que conocemos como España, sobre cuyo significado, esencia o constitución el acuerdo está lejos de ser unánime. Estas contradicciones, que han sido fuente de una amplia literatura sobre el “ser de España”, sobre sus esencias, características y alcance, aparecerán en ocasiones formando parte del propio relato histórico que vamos a abordar. Una segunda consideración es la de que la Historia de España no puede entenderse nunca como Historia aislada, como un relato tan original o tan extraño que no pueda enmarcarse en una historia universal más que como un caso a parte. Estamos muy lejos de quienes ven en la Historia de España una anomalía en la Historia europea; nuestra historia no puede entenderse coherentemente si nos salimos del marco europeo y mediterráneo que corresponde a nuestra situación geográfica. Es cierto que hay elementos muy originales en nuestra historia que nos alejan del recorrido histórico común a otras naciones y territorios europeos, pero no deja de ser cierto que esas condiciones distintas encuentran mejor sentido en un marco regional más amplio. (Pensemos, por ejemplo en la invasión musulmana o la intervención de las monarquías peninsulares en el descubrimiento y colonización del continente americano). Tiempo tendremos de hacer observaciones a propósito de estos acontecimientos y los procesos históricos que precipitaron.

Por último quisiera destacaros que la Historia, como ciencia humana, trata de responder a cuestiones que surgen en el presente pero que no pueden resolverse más que en el estudio del pasado. Hacer una genealogía de los problemas del mundo actual nos lleva necesariamente a inquirir al pasado, a encontrar en ese pasado respuestas a nuestro presente. No cabe duda de que somos herederos de un pasado que rinde cuentas en el presente. Preguntarnos por el hoy nos va a llevar muy a menudo a buscar precisiones en el ayer. Tal es uno de los presupuestos de la Historia que explica porqué el pasado nunca se acaba de saldar, cómo año tras año la historia se ensancha, se rehace, se reescribe, tratando de completar argumentos, intentando trazar con líneas más claras un relato que en esencia siempre será incompleto.

La Historia es un relato sobre el pasado pero no es el pasado mismo, nunca nos da una imagen omnicomprensiva de antaño, del mismo modo que nunca tendremos, por muy bien informados que estemos una visión completa del presente. Las sombras son muchas, nuestras atención tiene muchos objetos a los que dirigirse. El enfoque, esa subjetividad de la que en ocasiones se acusa a la Historia como si otras disciplinas no conocieran tan nefando pecado, es a menudo la atención prestada a una u otra cuestión, la mirada elige su objeto de atención, conviene por ello estar atento a esas miradas, a su mayor o menor estrechez de campo.

Estamos acostumbrados a las respuestas de la Historia escolar. Os planteo un reto, hacer preguntas, ahí está lo esencial, pues la pregunta determina en buena medida la respuesta y quizás este axioma sea más evidente en esta disciplina nuestra, tan querida. En esta madrastra que tan mal nos trata, que responde con nuevas cuestiones a esas endebles certezas que año a año, lectura a lectura vamos construyendo.

Es un principio. Vale

Proyecto Manes UNED

Nociones de Historia - Santiago Calleja (1886). Fuente: Proyecto Manes UNED

Poesía para un adiós

En el Japón de la época Heian (794-1185) uno de los valores estéticos fundamentales era el Mujökan, el sentimiento profundo de la impermanencia de todos los seres del mundo. El Mujökan era una refinada melancolía ante la fugacidad de la vida.  Para los japoneses la belleza de la naturaleza reside en lo frágil, en lo transitorio, en lo perecedero y caduco. Esa es la belleza de un atardecer, de una gota de rocío que brilla equilibrada en una hoja, la belleza de un bosque de hayas  en otoño, el gusto por el instante, por una impresión que está pronta a evaporarse.

Mentiría si os dijera que me consuela pensar en la belleza de esa fragilidad cuando dejo Campo Real, no me consuela tampoco dejar atrás algunos de los pesares que me han acompañado allí este año aunque tenga la esperanza de no sufrirlos el que comienza. A pesar de todo creo que no debo quejarme, he gozado de  la ventura de algunos encuentros, de buenas conversaciones y de un precioso tiempo compartido con quienes hoy son amigos. 

Decía Paul Ricoeur que la amistad era una conversación que sólo interrumpía la muerte. Este año he iniciado buenas conversaciones, ese es el botín que me llevo de aquellas parameras.  También me llevo los paisajes en la retina, esas impresiones de campos verdes y amapolas, esos farallones calizos, los pueblos apoyados en las laderas, la fuente de Ambite, el Tajuña en Orusco, el recoleto valle que acoge a Valdilecha, el espléndido mirador de Campo Real, asomado a Madrid, tan cercano en la mirada. Me llevo también mucho cariño, espero haber sido justo en esto y haber devuelto tanto más que el que he recibido. 

Hay palabras que te engolosinan, en las que uno pace sereno durante años, con las que gusta encontrarse porque ayudan a pasar cauces peligrosos, amarrado al madero de la música que destilan. Hay quien se ha tomado el trabajo de enhebrar las palabras, de darles sentido, de dibujar impresiones en las que me gusta reconocerme y que me ayudan a pasar la melancolía de las transiciones. Yo acudo a menudo a ellas, las busco y las abrazo para refugiarme, me las bebo y me ayudan a pasar los duelos, la tristeza necesaria para que la alegría tenga sentido en el contraste. 

Cuando las palabras no llegan quedan los gestos, en ocasiones, como en este poema de José Angel Valente, las palabras dibujan gestos elocuentes. 

Con las manos se forman las palabras

con las manos y en su concavidad

se forman corporales las palabras

que no podíamos decir.

          El fulgor - (1984)

José Angel Valente 

Hay cosas que yo ya no podré deciros, cuya oportunidad ha pasado. Algunas os las he hecho expresas, algunos gestos me habrán delatado, o eso espero. ….. Nos dejamos, los unos a los otros, partimos en distintas direcciones. Que tengáis suerte. Nuestro lugar será ahora el de la carencia, esa carencia que tan bien expresara una de mis poetisas más queridas, Ada Salas

Lugar de la carencia

pura

desposesión. Sea vano mi nombre

vano

este empeño furioso por ser río


y no breve humedad 

bajo la piedra

Ada Salas

Lugar de la Derrota (2003)

 

Queridos y queridas. Sois ya parte de mi. Ha sido un placer compartir este tiempo, sabéis donde encontrarme si es que la Fortuna no nos brinda oportunidades para el reencuentro. 

 

Las palabras que dije ya no 

me significan. No sabía que a todo le sucede lo mismo

y que mueren de tiempo también las palabras. O seré yo

tal vez. O seremos lo mismo.


Un oscuro temblor donde resuena

lejos 

lo vivido

Ada Salas

Lugar de la derrota (2003)

Memoria Passionis

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán del conocimiento en estado puro que la escuela administra. 

La escuela pretende salvarnos a través de la cultura, parte de un principio que quizás debamos considerar de modo más cuidadoso, el que vincula progreso cultural y progreso ético. La escuela tal y como la conocemos es hija de las revoluciones liberales de principios del siglo XIX y nació con tan altos propósitos salvíficos. Si hasta entonces la Iglesia se había encargado de salvar almas sería a partir de entonces el estado, a través de la escuela, el encargado de salvar nuestros cuerpos. La construcción de la ciudadanía moderna es un camino interesante de transitar y descubrir la participación de la escuela en esa construcción es esencial, en especial si uno se dedica a esto de enseñar.

Desde luego el recorrido es paradójico, la escuela ha ejercido su misión salvadora a despecho incluso de sus salvados. Resulta instructivo  profundizar en esas paradojas de la escolarización, nos ayudan a tener perspectiva sobre las razones profundas de lo que ocurre en las aulas y lo que sucede en las cabezas de los alumnos y los profesores. Podemos seguir este discurso en algunos títulos que nos señalan algunas taras que conviene advertir, sino corremos el riesgo de creernos nuestras propias tonterías….. y eso sí que sería patético. Raimundo Cuesta lo  hizo muy acertadamente en Felices y Escolarizados, advirtiéndonos sobre este control de mentes y cuerpos que la modernidad instituye a través de instituciones como la Escuela. 

En cuanto a la correlación entre progreso cultural (ese que justifica a escuela) y progreso etico. Me gustaría poder pensar otra cosa, pero lamentablemente poseer una alta cultura y ser moralmente perverso no está reñido. Cuidado, que no tener esa cultura y serlo tampoco está relacionado, más bien parece que son cosas diferentes. Honrados y cultos padres de familia acariciaban las rubias cabezas de sus hijos antes de salir de casa y después de desayunar escuchando un disco de Bach o cualquier otro gran compositor clásico, se entregaban con burocrática frialdad a la tarea de servir los seis mil cuerpos que las cámaras de gas de Auschwitz devoraban cada día.

En 1962 era ejecutado Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis y cumplidor funcionario que había logrado que los trenes que llevaban a los judíos hacia los campos de exterminio llegasen puntuales a sus fatales destinos hasta poco antes del final de la 2ª Guerra Mundial. La captura por los servicios secretos israelíes de Eichmann, su posterior juicio y ejecución provocaron en Hannah Arendt, una de las principales pensadoras de origen judío del siglo XX,  una reflexión sobre la naturaleza de los actos que llevaron a Eichmann a la horca. Hannah Arendt utilizó en “Eichmann en Jerusalen: Un estudio sobre la banalidad del mal” la propia línea de defensa seguida por el oficial nazi, que consideraba que no había hecho otra cosa que cumplir órdenes. Arendt se sorprendía de la mediocridad de un individuo sobre el que pesaban crímenes tan horrorosos, pero del mismo modo se sorprendía de cómo la maldad extrema no precisaba de individuos enloquecidos, atroces pervertidos o agudos criminales. Bastaba un estado organizado burocráticamente y una jerarquía sólidamente establecida para llevar a cabo las mayores barbaridades de forma efectiva y sin que la culpa ensombreciese la conciencia de sus ejecutores.

Animado por la lectura de Arendt y su propia reflexión sobre el caso Eichmann, un sociólogo norteamericano, Stanley Milgram, profundizó en las tenebrosas sombras de la obediencia y las jerarquías con un estudio que provocó un aluvión de reacciones en contra. Su “Obediencia a la autoridad:  Un punto de vista experimental”  pudo apoyarse en experiencias coetáneas como la matanza de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnan.  La cuestión que nos plantea Milgram es cómo “La persona que siente, por convicción interna, repugnancia por el robo o por el crimen o por una agresión cualquiera, puede de hecho lleva acabo todas estas acciones con una relativa facilidad, una vez que le son ordenadas por la autoridad” .

Antes que él uno de los grandes denunciadores de la barbarie, George Orwell, había escrito mientras Londres era bombardeada “En el momento en que escribo estas líneas, seres humanos altamente civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme. No tienen sentimiento alguno de enemistad contra mi como individuo, ni tampoco lo tengo yo contra ellos. Como se dice, no hacen otra cosa que ‘cumplir con su deber’. la mayor parte de ellos, estoy plenamente convencido, son personas de buenos sentimientos, cumplidoras de la ley, que jamás soñarían en sus vidas privadas con cometer un asesinato. Por otra parte, si consigue uno de ellos hacerme saltar en pedazos con una bomba bien colocada, no por ello dejará de dormir tranquilamente”.  Cuantas veces hemos podido ver después eso que Orwell nos relata, el frío cumplimiento de las órdenes más terribles e inhumanas en nombre del deber, en nombre de un país o de una idea. Pero las consecuencias son “reales”, el sufrimiento que provocan, individual.

Zygmunt Bauman, uno de los más lúcidos intérpretes de la modernidad plantea en “Modernidad y Holocausto” que en la realidad de los campos de concentración descubrimos un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro que nos cuesta reconocer como propio, pero el Holocausto, fue como bien dice, un producto de la racionalidad moderna, fue el resultado de rutinarios procedimientos burocráticos, de cálculos de eficiencia. Fue el esforzado empeño de dar “soluciones racionales” a “problemas” que se iban planteando a medida que cambiaban las circunstancias. Como nos advertía Arandt y nos señalaba Milgram, la mayora parte de los autores del genocidio fueron personas normales que pasarían tranquilamente por cualquier cedazo psiquiatrico por tupido que este fuera. Y es que Bauman, que utiliza el estudio de Milgram como base, considera que la mediación intrínseca a toda burocracia, provoca esa perversa invisibilidad moral.

Los más aterrador, no es que sepamos lo que ocurrió, el alcance del horror organizado por los nazis, sino la idea de que nosotros podríamos también haberlo hecho. Hay quienes, como Reyes Mate, destacan la excepcionalidad de Auschwitz pero no faltan quienes sin negar esa excepcionalidad, rastrean un modo de proceder que se ha repetido a lo largo de todo el siglo XX en diferentes persecuciones y matanzas.  En sociedades  que habían tenido un acceso generalizado a la cultura, en sociedades que podían llamarse sin ambages modernas. 

Nos dice I. Kertesz en “Un instante de silencio ante el paredón” que no comprendemos que aquello haya podido suceder porque nos negamos a reconocer que la barbarie es una posibilidad latente en nuestra manera de vivir. Nos espanta la facilidad con la que los regímenes dictatoriales totalitarios disuelven la personalidad autónoma y hacen del ser humano una pieza constituyente, sumisa y perfectamente ajustada del engranaje estatal. 

Qué poca efectividad parece tener la cultura, gran excusa y trasunto de la educación, qué poca influencia en nuestra percepción del dolor ajeno, de nuestra posición frente a los semejentes. Quizás podamos explicar estas taras desde la lógica de la propia conservación y la obediencia. Podemos argüir que el mal una vez desatado no puede resitirse. ¿Como explicar sino la impunidad de tantos crímenes? La Guerra Civil española, el Gulag, la matanza de Srebrenika,  o los desaparecidos de Argentina o Chile (ved sobre esto el terrible y esclarecedor artículo del pasado domingo sobre el desaparecido Héctor Germán Oesterheld). Sin embargo el testimonio de los pocos que resistieron demuestra que en definitiva es una elección. Entre pervivir en medio de la barbarie más absoluta y arriesgar nuestra vida oponiéndonos a ella, la mayor parte de nosotros elegimos la primera opción. Quizás por eso la memoria de la barbarie es tan delicada, nos incomoda pensar que posiblemente estaríamos del lado de los verdugos. Por eso la memoria es un asunto tan serio y mueve tanta controversia, por eso las víctimas siguen siendo una y otra vez asesinadas y todo progreso parece excusar ese sacrificio (siempre ajeno). 

Advierte Reyes Mate que nuestro tiempo se ha especializado en disimular el lado oscuro de la realidad, en camuflar la muerte, en convertir el dolor humano en artículo indoloro de consumo. Por eso ha podido erigir esa idea de vida libre de sufrimiento, sin embargo la realidad es que el hombre causa y padece dolor e injusticia. Recordar Auschwitz es tanto como reconocer que la pregunta por la felicidad no puede hacerse de espaldas al sufrimiento.  

Manuel Reyes Mate ha dedicado buena parte de su obra a esa “memoria passionis”  a esa memoria del sufrimiento, a su valor y la importancia que tiene para la construcción de una alternativa a ese “progreso” moderno que pasa por encima de individuos, grupos sociales y pueblos enteros. Podéis escuchar al propio Reyes Mate desarrollando esta cuestión en una entrevista que concedió a Canal Sur.

Dice Reyes Mate que el sentido de la educación es hacer frente a la barbarie, enseñar a vivir humanamente. Plantea que debe ser la réplica civilizada a la “banalidad del mal” que debe ayudarnos a sospechar de que el hombre vive consciente o inconscientemente con ese mal elemental. Para Mate, el saber es sufrimiento, no porque en el camino del conocimiento el esfuerzo haya de ser constante y porque este esfuerzo suponga sufrir de alguna manera. Sino porque el sabio que se implica en el conocimiento no separa la substancia de la realidad de la experiencia y al estar pegado a la realidad se familiariza con el sufrimiento. Un sufrimiento que no abstrae o disimula, sino que toma como referente de su quehacer. El que sufre no nos pide que le aclaremos la razón de su sufrimiento, clama por la felicidad de la que se le está privando. Ahí radica uno de los errores más comunes de todo conocimiento, parece que saber el nombre de la enfermedad o lo que lo provoca nos sirviera de alivio. Si planteamos que sufrimos una crisis económica o que la economía de nuestro país es ruinosa basta explicar las razones para que respiremos aliviados. La escuela a menudo cae en esta trampa nos dice el nombre de las cosas, pero no nos da herramientas para conocer su calidad, no pretende defendernos de esos males a los que pone nombre (más si cabe si son del pasado y pueden quedar en adorno culturalista) 

A veces sospecho y me atormenta la idea de que quienes estamos en esto de la educación enseñamos a obedecer, enseñamos a aceptar la realidad como un hecho invariable, a transigir con la injusticia. Hacemos esa historia  sobre la que nos prevenía Walter Benjamin, la que sirve de conmemoración a los vencedores en vez de recordar a las víctimas. Benjamin nos previne sobre ella pues hay una relación entre la reproducción del mal y el recuerdo de los derechos de los vencidos, si estos derechos prescriben nada impediría que el crimen se perpetuara. Por todo ello Benjamin nos aconseja que busquemos la verdad en la basura de la historia, entre los harapos y los escombros de la moderna civilización.  

Recoge Reyes mate la cita de unas palabras que en su última conversación Marcuse le dirigió a Habermas

“¿Sabes? Ya sé donde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentimiento del sufrimiento de los demás”

Cuando dejamos esa compasión al margen nos deshumanizamos, cuando preferimos el olvido del sufrimiento pasado cumplimos con el dictado de quienes levantaron los campos de concentración, pues su propósito no era sólo construir una gigantesca fábrica de muerte, sino sobre todo, un proyecto de olvido, la negación del crimen dentro del crimen.  

A todo esto he dedicado el verano. La verdad es que fundamentalmente a estas lecturas y reflexiones, en ellas sigo y seguiré por mucho tiempo. Han sido mis principales lecturas, he dejado su referencia para el último momento porque me tenían demasiado absorbido como para resumiroslas aquí en un momento.  

Para terminar permitidme que ponga banda sonora a este artículo, se trata del tercer movimiento del String Quartet nº 3 de Dimitri Shostakovich,  con él en los oídos escribo. 

Encuentro con el Otro

Ya es antiguo el título que encabeza este post y que pertenece a un libro del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski  publicado en el año 2007. Podéis acercaros al espíritu de este maestro del periodismo y maravilloso escritor, premio Príncipe de Asturias 2003, en algunas entrevistas como ésta  de la revista Letras Libres o mejor incluso en esta colección de artículos propios y a propósito de él en El País, donde podréis leer la necrológica publicada a su muerte, algunas reseñas sobre sus libros y una selección de os artículos que escribió para este periódico. Os sugiero, por ejemplo éste dedicado a Herodoto en la Guerra que fue el origen de mi afición a Kapuscinski. 

Herodoto no describía el mundo como hacían los filósofos presocráticos, partiendo de su propio pensamiento, sino que contaba lo que había visto y oído en sus viajes. Su filosofía consistía en que hay que moverse y descubrir ideas nuevas. Estaba convencido de que las culturas se mezclan y que, incluso cuando hay un conflicto, no tiene por qué ser un aniquilamiento. Herodoto polemiza con sus compatriotas, demuestra y prueba, por ejemplo, que los griegos, sin la cultura egipcia, no serían nada. Ninguna civilización existe de forma aislada: hay una interacción constante. Es un cronista y, al mismo tiempo, un patriota griego. Pero nunca emite una palabra de odio. Nunca usa términos como enemigo o aniquilamiento. El lenguaje del odio no tiene lugar en sus escritos. Escoge palabras dramáticas, que sirven para mostrar la desgracia humana dentro del conflicto. Lo que más le importa es destacar las razones de las dos partes. No juzga, da a los lectores las facultades y los materiales necesarios para formarse su propia opinión. Muchas veces, más que de cronista, tiene actitud de estudioso: después de narrar, se hace preguntas.

En el libro que da título a este post “El encuentro con el Otro” abunda en la misma idea que aquí destaca en la obra de Herodoto , la necesidad que el hombre tiene de otra mirada en la que reconocerse. Kapuscinski se apoya en su propia experiencia, la que le hace ver que en sus viajes y en su trabajo de periodista la experiencia fundamental han sido siempre el encuentro con el Otro. Ese encuentro que fundamenta el conocimiento sobre uno mismo para Herodoto es para Kapuscinski la experiencia básica de nuestra especie. Kapuscinski se inspira en el filósofo Emmanuel Levinas para quien el encuentro con el otro es el acontecimiento, la llave que nos abre el más amplio de los horizontes. Para Levinas en ese encuentro reside la  esencia del ser humano y el fundamento de toda filosofía que ha de ser sobre todo ética y por lo tanto responder a nuestra relación con ese Otro al que estoy vinculado, sobre el “que soy responsable”. Tal es la relación que nos hace humanos pues para Levinas uno no nace hombre, la  humanidad deviene nos hacemos humanos en ese encuentro con el Otro.

 

La carga ética que para Levinas y por ende para Kapuscinski tiene ese encuentro es evidente. Kapusinski nos habla de cómo las relaciones humanas, a pesar de la opinión generalizada son por lo general amistosas, de colaboración, de curiosidad, de apertura. Es cierto que el conflicto existe y por supuesto el conflicto violento, la guerra, el enfrentamiento. Pero no es menos cierto que la mayor parte de los encuentros son mucho más amistosos. El peso que el comercio, el viaje, la curiosidad, el contacto amistoso o la hospitalidad han sido mucho más importantes que lo que se deduce de cualquier manual escolar de historia donde el peso de la guerra se hace a veces para alguno de los que transitamos por ellos francamente intolerable. Kapuscinski nos refiere como en la guerra de Liberia fue testigo de los violentos enfrentamientos que sostenían las tropas gubernamentales y los rebeldes teniendo como frontera un río. De una orilla a la otra el día transcurría entre el tableteo de las armas de una y  otra orilla. Las orillas se mantenían unidas por un puente que al acabar el día se abría a los contendientes que cruzaban desarmados al otro lado para acudir a un mercado que se instalaba en el lado gubernamental.  Por encima del enfrentamiento el intercambio, la relación comercial, el intercambio de mensajes, de cartas de recuerdos a los familiares que habían quedado al otro lado de la frontera. La mirada de viajero de Kapuscinski es lúcida y enriquecedora, su relación con las poblaciones que visita, su vivir en medio de y no enfrente de son una lección ética y de vida.  

Sobre el encuentro con el otro, Herodoto, la hospitalidad y todo aquello que nos hace humanos una película nos puede servir de nexo de unión: “El paciente inglés” (1996) de Anthony Minghella. El protagonista lleva siempre La Historia de Herodoto en el mano, de la que se lee algún fragmento en la película, es una historia de encuentros y cómo esos encuentros nos cambian la vida, o si preferís, como esos encuentros dan sentido a nuestra vida y es una película sobre los efectos de la guerra en el alma de las personas. 

Novedades en arqueología

Los periódicos del verano, supongo que aquejados de falta de noticias, abren sus páginas a la ciencia y la arqueología.  La primera noticia que merece nuestra atención es el estudio desarrollado sobre el material genético de los neanderthales,  en él se concluye que no hay rastro de mezcla genética entre los neanderthales y nuestra especie, no se produjo hibridación, como algunas especulaciones científicas señalaban. Los neanderthales y nosotros somos primos pero no hermanos.  Durante cera de dos decenas de miles de años neanderthales y cromañones convivieron en el mismo territorio europeo. Por razones que aun hoy se nos escapan, los neanderthales desaparecieron hace 27.000 años. ¿Qué ocurrió durante ese espacio de tiempo entre estas dos especies?. ¿Se influyeron? ¿Mantuvieron enfrentamientos violentos? ¿Fueron los hombres de cromañón responsables de la desaparición de los neanderthales?.  Esas son algunas de las preguntas que estas investigaciones genéticas tratan de aclarar.

La otra noticia que os invito a leer tiene que ver con nuestra alimentación. Parece ser que somos el único mamífero que consume leche en edad adulta. De hecho nuestra tolerancia a la leche debió ser decisiva a comienzos de la neolitización pues aseguró a los seres humanos una fuente de  alimento disponible en todo tiempo y que podía ser administrada con facilidad. En el camino intermedio entre la imposibilidad de consumir leche en la edad adulta y la de hacerlo con facilidad, tal y  como ocurre en nuestros días, surgió uno de los inventos más interesantes, el del queso.

El queso debió ser el modo más habitual en ese tiempo de consumir una leche, que cruda, resultaba indigesta. En el artículo que os invito a leer nos hablan de cómo los arquéologos han encontrado en los restos cerámicos de las ciudades anatolias, restos grasos que evidencian su uso para contener la masa del queso en su maduración.  La noticia nos relaciona tres tecnologías fundamentales proceso de neolitización, en primer lugar la domesticación de especies susceptibles de ser utilizadas para la producción de leche, cabras, ovejas, o bóvidos como las vacas. En segundo lugar, la cerámica, los recipientes que se utilizaron para hacer madurar la masa del queso y que sirven de sostén a la investigación. En tercer lugar los cambios en la alimentación humana, que permitieron obtener las ventajas energéticas que justifican de alguna manera el cambio tecnológico que en torno al año 10.000 a.d.C. lleva a las sociedades humanas de la caza y la recolección nómadas a los asentamientos de agricultores y ganaderos. Como decíamos en clase, aun no hemos salido de ahí, seguimos dependiendo para nuestra alimentación de tecnologías que surgieron en ese tiempo. Quesos como el de Campo Real encuentran en esta noticia arqueológica sus remotos orígenes.  

La ciudad como parque temático

 

La Geografía trata de dar razón de las realidades espaciales del presente. La ciudad es la gran protagonista de los espacios geográficos modernos, la ciudad ha crecido hasta hacer casi omnipresentes sus estructuras, su cultura, sus modos  y tipologías.  El crecimiento de las grandes ciudades en todo el mundo es una evidencia y el fenómeno urbano ocupa espacios que hasta hace muy poco tiempo eran considerados rurales. 

Pero la ciudad ha cambiado. Ya no es aquel espacio cerrado por una muralla, ni aquel otro rodeado de un cinturón industrial. Hoy en día la ciudad ha multiplicado sus formas, ha emborronado los límites, en algunos espacios urbanos la ciudad se ha ruralizado, de ello da muestra desde antiguo “la ciudad jardín”, los barrios residenciales de chalets o las tipologías arquitectónicas ruralizantes;  pero también lo es que el campo se ha urbanizado. Los límites entre el campo y la ciudad son cada día más  imprecisos. Una vaguedad en la que la cultura urbana tiene una responsabilidad fundamental, los modos culturales de la ciudad tienen una influencia universal, la globalización ha “globalizado” la ciudad. 

Por otro lado, la ciudad ha perdido algunas de las características que la hacían reconocible. La ciudad, como centro de relación, como espacio de comunicación, ordenada entorno a la plaza y el mercado ha perdido su antigua personalidad. Los espacios urbanos, se cierran, protegidos por nuevas barreras de seguridad; se protegen de las inclemencias del tiempo; se convierten en “Variaciones de un parque temático”, tal y como describe el arquitecto norteamericano Michael Sorkin en el libro homónimo. En este ensayo una decena de autores analizan varios ejemplos ciudadanos, varios modelos de ciudad contemporánea reconocible perfectamente. Las ciudades que se describen en el libro de Sorkin son nuestras ciudades.  

Espacios cerrados, jardines cubiertos, arquitecturas fingidas, espacios mastodónticos elevados a mayor gloria de las grandes franquicias de moda y complementos. Hoy podemos viajar por toda Europa visitando centros comerciales idénticos, apenas  personalizados por pequeñas especializaciones decorativas, por la oferta de ocio más o menos amplia que ofrecen. Centros comerciales donde podemos hallar no sólo cualquiera de las firmas de moda de nuestro tiempo, sino que además nos ofrecen la posibilidad de jugar a los bolos, ver una película o elegir cenar en uno de los variados restaurantes “temáticos” que estos lugares ofrecen. todo cortado con el mismo patrón, todo en cartón piedra, en una atmósfera de eterna primavera, protegidos por un ejército de guardias de seguridad que velan por que nuestra estancia sea perfecta. El ocio de las sociedades urbanas gira hoy en torno a estos grandes centros, perfectamente comunicados y que nos ofrecen miles de plazas de aparcamiento. No sólo los jóvenes consumidores se entregan a la ceremonia de consumismo que allí se celebra, familias enteras han hecho de la tarde del sábado la ocasión perfecta para recorrer los pasillos refrigerados de estos lugares de “ensueño”. Y de ensueño digo porque como bien señala Sorkin y sus colaboradores, todo el entramado arquitectónico,  urbanístico y estético que los sostiene son una ensoñación, un trampantojo, un teatro, cuya esencia es el propio comercio. 

Pero la atención del arquitecto norteamericano y sus colaboradores no se detiene sólo en la cultura del centro comercial, aborda con idéntica agudeza los campus-tecnológicos o los barrios centrales de las ciudades sometidos a procesos de “gentrificación”.  Leo y me asombro de cómo una descripción hecha sobre ejemplos estadounidenses se acomoda de un modo tan exacto a la realidad e nuestras ciudades. Cómo nuestras universidades y las autoridades locales que las acogen se esfuerzan por crear campus donde convivan los departamentos de investigación y las empresas, donde ese llamado I+D fructifique y rinda réditos como los rindió en su día el primero de ellos, el formado por la universidad californiana de Stanford y el conocido como Sylicon Valley.  En 1927 Frederick Terman, “alma mater” de esta criatura escribía sobre lo que debía ser ese campus y su relación con la producción industrial:  “una comunidad de especialistas técnicos  [que] se compone de una serie de industrias que utilizan tecnologías muy sofisticadas, junto a una universidad potente y sensible a las actividades creativas de las industrias que la rodean. Este modelo parece ser la perspectiva del futuro”.  Hoy casi cien años más tardes nuestros campus universitarios tratan de seguir la senda trazada por Terman. Leer la prehistoria de las grandes corporaciones tecnológicas, desentrañar las biografías personales y empresariales de los “emprendedores” protagonistas de la revolución tecnológica y su influencia en los parámetros de éxito, de formas de vida y de relaciones personales hegemónicos en nuestras sociedades, resulta revelador. 

En cuanto a los procesos de “gentrificación”, resulta clarificador el caso del Lower East Side de Nueva York, el modo en el que un barrio popular es progresivamente ocupado por clases medias que lo transforman a su gusto y que terminan por desplazar a la población que lo ocupaba. Los espacios se cierran, la “inseguridad” del barrio se convierte en asunto esencial de la política de municipal y la gestión de los espacios públicos da un repentino vuelco hacia el control, la compartimentación y la obsesión por la seguridad.  Madrid y Barcelona conocen procesos parecidos de recuperación de los cascos históricos que tienen mucho en común con lo descrito en el libro de Sorkin.

“Variaciones de un parque temático” es un libro de geografía que da gusto leer, es un libro de geografía que hace afición, pues nos habla de espacios contemporáneos, de espacios que son muy superficialmente abordados en la geografía escolar, y es una verdadera pena. Nos cuenta también las profundas transformaciones que en nuestras sociedades está produciendo la “virtualización”, no sólo jugamos con los SIM a que tenemos una vida, o jugamos a que pilotamos aviones con los potentes simuladores de nuestras consolas y ordenadores, nuestros espacios son cada día más virtuales, imitaciones de la realidad o incluso recreaciones de realidades que nunca han existido. Fenómenos como el turismo rural o el de aventura se sostienen de idéntica manera, el “haga como si fuera”, “sienta como si estuviese”.  Pasearnos con atentos ojos de geógrafo es la mejor manera de conocer los espacios del presente. Pero si queréis darle a esa observación un poco de enjundia teórica asomaros a las páginas de este libro. 

Kairós

Kairós es el momento oportuno, el tiempo de las cosas. El momento adecuado donde se combinan la potencia y la eficacia con la armonía y la mesura.  Los griegos y los romanos adoptaron para representarlo la iconografía utilizada por Lisipo, según ésta Kairós es un joven alado que apoya el pie izquierdo en una esfera. La pierna izquierda está flexionada y sostiene el cuerpo mientras con el brazo izquierdo sostiene una balanza. Las alas desplegadas cargan con el peso del joven que tiene en tensión todo el cuerpo intentando mantener el equilibrio.

Kairós se relacionaba en la cultura latina con la “Occasio”, la ocasión, y en el renacimiento se vinculó a la Fortuna.  Nuestra experiencia del tiempo está dividida por la experiencia del tiempo, un tiempo propio, auténtico pero difícil de comunicar y unido a una subjetiva idea de duración; y el tiempo mensurable, un tiempo físico, ese Cronos que devora a sus hijos. 

Como Cronos devora a sus hijos yo devoro las páginas del libro del filósofo Giacomo Marramao, “Kairos: Apología del tiempo oportuno” que me sirve de guía y me brinda la ocasión de hablar de nuestra concepción del tiempo y en especial del tiempo personal que nos da sentido. 

El tiempo es una de las sustancias esenciales de la historia. No podemos concebir la historia sin él, no tendría ningún sentido, perdería no sólo el suelo sobre el que se asiente sino su propia materia. Pero la historia, como el tiempo, la construimos, es una recreación, una memoria de lo sucedido, de parte de lo sucedido, de algunos de los protagonistas. Cuando este concepto lo aplicamos a nuestra existencia comprobamos rápidamente los extremos de esta concepción, cómo hay lugares, hechos o personas que aparecen iluminados por nuestro recuerdo mientras otros se difuminan y se pierden.

Einstein consideraba que sólo había dos tipos de tiempo, el psicológico y el físico. El primero es el que cada uno de nosotros experimenta y tiene una amplísima gama de variaciones subjetivas. El segundo tipo de tiempo  depende de los sistemas de referencia de distintos observadores y tiene un límite objetivo, la otra cara decisiva de la teoría de la relatividad, una constante física general independiente de todo parámetro. Este límite, es constante, y se representa mediante una barrera numérica infranqueable, la velocidad de la luz. Más allá de esa barrera, no tiene sentido hablar de un antes o un después. Ninguna señal y por supuesto ningún cuerpo puede moverse a una velocidad superior a la de la luz. Sin embargo nuestra concepción habitual de tiempo e incluso el tiempo al que nos dedicamos los historiadores, tiene que ver más con el primero que con ese tiempo absoluto y físico que define Einstein. 

El concepto griego de Kairós, ese momento oportuno,  aparece también en la tradición judía, en el Eclesiastés, se habla de un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para el luto y un tiempo para la alegría, un tiempo para el silencio y un tiempo para el diálogo, un tiempo para odiar y un tiempo para amar, uno tiempo para la guerra y un tiempo para la paz. 

Del mismo modo hay un tiempo para marcharse y un tiempo para permanecer. En mi caso ha llegado el tiempo de marcharme, el de buscar un tiempo que este año me ha faltado en Campo Real, un tiempo desgastado por los viajes interminables, un tiempo devorado por la intemperie de este instituto. 

La ocasión ha surgido, el adolescente alado que simboliza el momento oportuno ha venido a buscarme y me ha ofrecido un instituto cerca de casa, a medio camino de Madrid y de mi universidad, un tiempo que confío en que sea ocasión para avanzar, aprender y construir un tiempo personal que preciso. El año que viene mi paisaje será el de la Pedriza del Manzanares, mi viaje diario un recorrer los sotos y praderías que bordean una de las carreteras más bellas de Madrid. 

Ese Kairos me aleja de vosotros, pero como ya os he dicho formamos parte unos y otros de nuestras particulares historias, ya veremos si el tiempo nos desdibuja o nos destaca cuando escribamos la bitácora de nuestra vida. 

A mi me queda el consuelo de que si bien nos aleja el espacio el tiempo nos mantiene juntos.  Pienso, como lo hacía Ibn Hazm, uno de los poetas más importantes de la literatura andalusí que el tiempo nos une, él lo expresaba de este modo:

Alejado estás dicen; pero no importa

porque vivimos el mismo Tiempo Ineludible.

El sol brilla por encima de ambos

cada día con el mismo resplandor. 

¿Puede estar lejos si entre nosotros

sólo hay un viaje de larga jornada?

La sabiduría divina nos ha juntado en su creación.

Me basta esta cercanía. Más, no necesito

 

Más no necesitamos. La ocasión nos aleja, el recuerdo nos hace presentes y el tiempo nos une.

 

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Historiar

Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua que Historiar es:1. tr. Componer, contar o escribir historias.2. tr. Exponer las vicisitudes por que ha pasado alguien o algo.3. tr. Pint. Pintar o representar un suceso histórico o fabuloso en cuadros, estampas o tapices.4. tr. coloq. Am. Complicar, confundir, enmarañar. Me gustaría que este blog sirviera a las tres primeras y consiguiera esquivar la cuarta. En cualquier caso nada estaría mejor en este sentido que conseguir que la Historia, la Ética y la Geografía nos sirvieran para evitar ser confundidos, enmarañados o complicados.

El método de aprender

"La búsqueda del saber no se puede realizar sin seis cosas que os indicaré a través de palabras claras: agudeza ingeniosa, deseo ferviente, paciencia, sostenimiento suficiente, la dirección de un profesor y un periodo de tiempo bastante largo" Az-Zarnuji. Instrucción del estudiante. El método de aprender (escrito en el año 1203)

 

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