
La Edad Media en la Península Ibérica constituye, como sucede en otros territorios europeos el germen de los espacios territoriales y políticos que conocemos en la modernidad. El mapa lingüístico, político y cultural europeo tiene unas indudables raíces medievales. A menudo con el marcado carácter finalista que tienen las historias nacionales, se ha exagerado el peso de esa tradición medieval en la configuración de los estados y las naciones del presente. La Edad Media ha servido no sólo para explicar sino a veces para justificar, fronteras y tradiciones culturales revitalizadas en el presente. En este sentido conviene estar atentos y rastrear el origen de símbolos, títulos o instituciones que a lo largo de los dos últimos siglos han buscado en la Edad Media su origen remoto. Sin duda son numerosas las exageraciones pero sin duda también son evidentes las herencias. La toponimia, el folklore, la persistencia de hablas, dialectos y lenguas que a primera vista no parecen explicables, la ocupación del territorio, los usos agrícolas o ganaderos o las tradiciones industriales; tienen a menudo una antigüedad sorprendente que se remonta a la Edad Media.
Hay otras cuestiones cuyo conocimiento resulta más abstracto e inaprensible, es este conocimiento el que da lugar a mayores errores de interpretación, por ejemplo, las teorías políticas medievales, el origen de la legitimidad de los reyes, el significado de los pactos señoriales, el entramado de esa red feudal de vinculaciones y dependencias. Tendemos a atribuir a idénticas palabras idénticos significados, y esto en Ciencias Sociales y particularmente en Historia, es fuente de importantes y severos errores. Pensad en simplísimo ejemplo la diferencia entre nuestro “caballeros” y el medieval “caballeros”. Hoy cualquier varón se incluiría en esa categoría, sin embargo la caballería medieval no era sólo un arma de guerra, no sólo era una vaga referencia de clase y estamento, era también una forma de vida, una mentalidad, una escala de valores, que por ende, se va transformando en el curso de los cerca de mil quinientos años en los que está cargada de sentido. En un sentido más profundo podemos citar el concepto de monarquía, para el que sin duda encontraremos evidentes continuidades, pero cuyo valor, significado y peso en la política medieval era muy distinto que el que hoy en día pueda mantener cualquier monarquía constitucional europea. Hoy los reyes lo son por gracia de las constituciones y la expresión de la soberanía popular que ha atendido el peso simbólico de esta institución en la historia de la mayor parte de los pueblos de Europa. En la Edad Media, sin embargo, los reyes lo eran por la Gracia de Dios. Las diferencias saltan a la vista aunque tendremos ocasión de profundizar más en ellas cuando tratemos las transformaciones políticas y sociales de los inicios del mundo contemporáneo.
La Edad Media en España es particularmente compleja. La ocupación islámica de la mayor parte del territorio conlleva que un significativo espacio cronológico de es historia esté escrito en árabe, que tenga sentido en tradiciones orientales y que en buena parte se haya perdido documentalmente, lo cual ha lastrado a menudo su conocimiento. Las bases primordiales de nuestro conocimiento sobre el mundo islámico peninsular lo debemos a autores como Levy Provençal, Gómez Moreno, o Asín Palacios, cuyos trabajos de historia, filología, cultura o arte están en los cimientos de cualquier cosa que hoy en día podamos leer sobre esa época. Sobre el trabajo de estos clásicos generaciones de historiadores han completado, corregido y aumentado nuestra perspectiva sobre Al-Andalus. Mucho más cercanos en el tiempo y evidentemente, más al día que aquellos eruditos, tenemos la obra de P. Guidchard. Podéis encontrar una bibliografía interesante en este sentido en las páginas de Artehistoria. Los interesantes resúmenes editados por Historia 16 hace algunos años son también reseñables, tanto para el conocimiento de la realidad de Al-Andalus como para la de los reinos cristianos. Si tenéis oportunidad de echarles un vistazo no dejéis de hacerlos, aunque quizás resulte difícil encontrarlos más allá de los fondos de las bibliotecas públicas. También, evidentemente, las historias generales de España, un género muy transitado en los últimos años y sobre cuya consulta a la hora de aclarar cronologías confusas o las profundas causas de algún acontecimiento por el que os sintáis concernidos no puedo sino aconsejaros. Las tenéis en varias editoriales, la última y todavía incompleta la está editando Marcial Pons, tenéis también las de las editoriales Crítica, Alianza o Edaf, por citar algunas de las que posiblemente encontréis con más facilidad. Amén de estas grandes obras de numerosos tomos tenéis las mucho más resumidas y cercanas de Raymond Carr, Julio Valdeón o García de Cortazar , estas obras os resultarán más cercanas pues su planteamiento, aunque sin duda más ambicioso, es parecido al de la Historia de 2º de Bachillerato en ese sentido de omnicomprensión cronológica y conceptual que la asignatura plantea. El lenguaje, he aquí su principal virtud, es un lenguaje histórico más rico y sugestivo que el que tiene cualquier libro de texto, esta lectura os acercará de manera más clara al lenguaje histórico y al modo en el que se construyen las argumentaciones en historia. Estas historias generales os servirán durante todo el curso, como también os servirán obras de referencia como el Atlas Histórico Mundial recientemente editado por Akal (la versión antigua está en la editorial Istmo) o también con un carácter más escolar, el Materiales para la Historia de España, en la misma editorial Akal.
Sobre la Edad Media en los reinos cristianos, más allá de manuales y obras generales podéis seguir la pista a algunos autores señalados, a Julio Valdeón, al propio García de Cortazar, y para los Reyes Católicos a Luis Suarez Fernández. Insisto….. leed. Mirad aquí y allá, consultad los enlaces de internet que conocemos, los manuales escolares, las obras generales de referencia y si os queda algo de curiosidad o alguna duda, a los grandes especialistas. Por supuesto, para cualquier contad conmigo, mi tiempo es vuestro.


















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