Como cita cinematográfica resulta tópica. La imagen de Charle Sheen tumbado en la cama de un hotel barato de Saigón, rememorando toda la destrucción que han contemplado sus ojos. El sonido de los rotores de los helicópteros preludia los bombardeos de Napalm y su movimiento acaba confundiéndose con el ventilador de la habitación. The End es una canción de The Doors, psicodelia en estado puro, reflejo exacto de la locura que acompañó la guerra del Vietnan y de la que Apocalypse Now, es un magnífico retrato.
Sin embargo, Francis Ford Coppola se inspiró en una relato que a priori poco tenía que ver con la guerra del Vietnan. El fascinante relato de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, un viaje a través de África y al centro de la explotación más absoluta, un colonialismo inmoral y salvaje que lleva al protagonista, el señor Kurtz, a exclamar febril “¡El horror!, ¡El horror!” al rememorar postreramente sus experiencias. Un espléndido relato de viaje y una turbadora reflexión sobre la brutalidad.
El siglo XX es rico en horrores. Las matanzas y la pérdida de las mínimas referencias a unos derechos humanos que a menudo cantamos como uno de los principales logros de la modernidad, hacen pensar en la profundidad con la que hemos logrado esas metas. Pensar el siglo XX es en buena medida meditar sobre el “éxito” o el “fracaso” de una ilustración que empezamos ahora a estudiar. Muy lejos de los propósitos de felicidad que pretendían los ilustrados y mucho más cerca de ese “El sueño de la razón produce monstruos” que pintara Francisco de Goya.
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