En el Japón de la época Heian (794-1185) uno de los valores estéticos fundamentales era el Mujökan, el sentimiento profundo de la impermanencia de todos los seres del mundo. El Mujökan era una refinada melancolía ante la fugacidad de la vida. Para los japoneses la belleza de la naturaleza reside en lo frágil, en lo transitorio, en lo perecedero y caduco. Esa es la belleza de un atardecer, de una gota de rocío que brilla equilibrada en una hoja, la belleza de un bosque de hayas en otoño, el gusto por el instante, por una impresión que está pronta a evaporarse.
Mentiría si os dijera que me consuela pensar en la belleza de esa fragilidad cuando dejo Campo Real, no me consuela tampoco dejar atrás algunos de los pesares que me han acompañado allí este año aunque tenga la esperanza de no sufrirlos el que comienza. A pesar de todo creo que no debo quejarme, he gozado de la ventura de algunos encuentros, de buenas conversaciones y de un precioso tiempo compartido con quienes hoy son amigos.
Decía Paul Ricoeur que la amistad era una conversación que sólo interrumpía la muerte. Este año he iniciado buenas conversaciones, ese es el botín que me llevo de aquellas parameras. También me llevo los paisajes en la retina, esas impresiones de campos verdes y amapolas, esos farallones calizos, los pueblos apoyados en las laderas, la fuente de Ambite, el Tajuña en Orusco, el recoleto valle que acoge a Valdilecha, el espléndido mirador de Campo Real, asomado a Madrid, tan cercano en la mirada. Me llevo también mucho cariño, espero haber sido justo en esto y haber devuelto tanto más que el que he recibido.
Cuando las palabras no llegan quedan los gestos, en ocasiones, como en este poema de José Angel Valente, las palabras dibujan gestos elocuentes.
Con las manos se forman las palabras
con las manos y en su concavidad
se forman corporales las palabras
que no podíamos decir.
El fulgor – (1984)
José Angel Valente
Hay cosas que yo ya no podré deciros, cuya oportunidad ha pasado. Algunas os las he hecho expresas, algunos gestos me habrán delatado, o eso espero. ….. Nos dejamos, los unos a los otros, partimos en distintas direcciones. Que tengáis suerte. Nuestro lugar será ahora el de la carencia, esa carencia que tan bien expresara una de mis poetisas más queridas, Ada Salas
Lugar de la carencia
pura
desposesión. Sea vano mi nombre
vano
este empeño furioso por ser río
y no breve humedad
bajo la piedra
Ada Salas
Lugar de la Derrota (2003)
Queridos y queridas. Sois ya parte de mi. Ha sido un placer compartir este tiempo, sabéis donde encontrarme si es que la Fortuna no nos brinda oportunidades para el reencuentro.
Las palabras que dije ya no
me significan. No sabía que a todo le sucede lo mismo
y que mueren de tiempo también las palabras. O seré yo
tal vez. O seremos lo mismo.
Un oscuro temblor donde resuena
lejos
lo vivido
Ada Salas
Lugar de la derrota (2003)






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