Conviene aclarar para aquellos que busquen libros de historia en formato audiovisual, que una película no es una libro de historia. La ambientación, la recuperación de arquitecturas perdidas o el retrato de personajes históricos son trabajos complejos, mucho más complejos según nos alejamos en el tiempo. En primer lugar porque nos faltan muchos datos, en segundo lugar porque las sociedades mantienen costumbres y usos que hoy nos chocan por extraños. Una película es una historia, en el sentido de cuento, de narración, que pretende entretener, que nos plantea algunas preguntas, que nos presenta imágenes valiosas en su mera belleza o en lo que tienen de evocación. En este sentido podéis ver “Dulce Libertad” (1985) de Alan Alda que hace un retrato divertido y certero sobre las contradicciones entre el lenguaje y las pretensiones de una obra histórica y una película. El protagonista, el propio Alan Alda, comprueba como delante de sus ojos y contando con su supuesto asesoramiento, la historia de la película se aleja más y más del relato original de los hechos. Desde luego, una de las mejores metáforas sobre la historia-ficción, que goza hoy en día de tanto éxito, tanto en el cine como en la novela.
La principal de las pegas que encontramos en el cine histórico, en la novela histórica e incluso en algunos libros de historia es la “presentización”, atribuir valores o contravalores del presente a personajes del pasado. Desde entender que un caballero castellano del siglo XIII actúa siguiendo un atávico nacionalismo español, a pensar que San Francisco ejercía en el siglo XIII una suerte de ONG de protección de los animales por aquello de llamar hermanos a todos los bichos que se tropezaba. A menudo encontramos que los relatos de las películas nos agradan más o menos por lo mucho que se parecen a eso que nos gusta oír o ver. En definitiva, porque nos dan la razón y nos confirman en nuestras perezosas certezas. Ya sabéis que nada es más peligroso que nos adulen o que nos den la razón…..
Viene esta larga disquisición al caso del estreno de Ágora, donde Alejandro Amenabar hace un retrato personal, no puede ser de otra manera, de la vida de una de las grandes filósofas y astrónomas de la historia, Hipatia de Alejandría. La vida de Hipatia se nos presenta en la película como la filósofa que duda de las certezas dadas, que sospecha de las teorías que recibe de la tradición, que precisa hacerse preguntas para saber y que desconfía de quienes tienen todas las respuestas. Frente a ella el director sitúa a los cristianos, en particular una pequeña secta, la de los parabolanos, una suerte de milicia fanática que predica en las plazas de Alejandría, que hace obras de caridad y que mantiene una combativa y violenta lucha frente a los paganos y los filósofos que tienen en la famosa biblioteca alejandrina, su escuela y su espacio propio. Hipatia, por su prestigio como filósofa y por sus amistades, el gobernador y otros personajes prominentes de la ciudad son amigos o discípulos suyos, se acabará convirtiendo en la más dura oponente a los cristianos. Estos, dirigidos por el obisco Cirilo acabarán desatando una persecución contra Hipatia, tanto por su paganismo como por el hecho de ser una mujer influyente.
Hasta aquí, a grandes rasgos, la metáfora contra el fanatismo que nos presenta Amenabar. Ciertamente la película adolece de un simplista maniqueísmo (por cierto influyente secta de la época). Los cristianos son duramente retratados, quitando la figura de Sinesio, discípulo de Hipatia y cristiano más templado y conciliador. El resto de los que aparecen o son fanáticos y vulgares o ambiciosos patricios convertidos por interés político. No en vano el emperador romano entonces era cristiano. Precisamente en esa conversión del cristianismo en verdad establecida y aliada del poder, está para mi gusto, lo más interesante de la película en lo que tiene de reflejo de algunas tesis historiográficas sobre el modo en el que el cristianismo se impone en el Imperio.
El siglo IV y si me apuráis el III son mal conocidos en general, particularmente en cuestiones culturales y religiosas. El relato histórico está lleno de lagunas, el caso es que el bajo imperio es precisamente el orgien del universo político, social e ideológico de la Edad Media. En esos siglos se encuentran también las razones por las que una religión de esclavos y extranjeros termina por convertirse en religión oficial del imperio. En esos siglos se encuentra la clave del hundimiento del mundo helenístico, de su filosofía y en buena medida de su método racional. También en esos siglos se produce la eclosión de las religiones mistéricas entre las cuales encontrará un lugar progresivamente más preeminente el cristianismo.
El asesinato de Hipatia es un trágico acontecimiento que se enmarca en las luchas entre escuelas filosóficas y doctrinas religiosas que fueron comunes en la Alejandría del siglo IV. Realmente y he aquí otra de las virtudes de la película, la ruina del imperio y sus estructuras arrastra consigo los antiguos cultos y las formas sociales y culturales del helenismo. Ciertamente el momento es crucial y precisa de atención, mucho más allá de la figura de Hipatia.

Si queréis conocer más este ambiente y las razones filosóficas que hay detrás de estos enfrentamientos os recomiento la biografía de Hipatia de Maria Dzielska, “Hipatia de Alejandría“, editado por Siruela en el 2003. El relato de Dzielska os ayudará a profundizar en los acontecimientos que retrata la película, es breve y está muy bien documentado.
Si pretendéis tener una idea más completa de este momento histórico os sugiero esta pequeña colección de títulos. Para entender mejor el conflicto entre cristianos y paganos en esta época podéis acercaros a la obra coral de Aranaldo Momigliano (1989) ”El conflico entre el paganismo y el cristianismo en el siglo IV“, publicado en Alianza Editorial. Si pretendéis tener una imagen más amplia sobre las religiones mistéricas en esta época y las razones de su éxito, podéis acudir al libro de Jaime Alvar (2001) “Los Misterios”. Religiones orientales en el Imperio Romano”, publicada en Crítica, que hace un retrato general y relacionado de todos ellos. Este libro os ayudará a entender el cristianismo dentro de su contexto y no como se suele hacer, como algo necesario y cuyo éxito cae por su propio peso. Si queréis saber algo más del cristianismo en esa época podéis empezar por el libro de Cristoph Markschies. “Estructuras del Cristianismo antiguo. Un viaje entre mundos“, publicado en Siglo XXI dentro de su colección Historia de Europa y que os ayudará a entender a los cristianos de la época que retrata Agora.
Confío en que la película os abra el apetito de saber como a mi me lo abrió en su día una profesora de matemáticas, Trinidad Ferri, que fue quien incitó mi curiosidad por Hipatia y su época, una curiosidad que sigo cuidando y atendiendo. Esta entrada se la dedico a ella. Por todos los que abren ventanas que nos llevan a preguntarnos cosas, por todos aquellos que piensan que el relato está incompleto y que nos invitan a dar sentido a lo que falta. No os perdáis la película, aunque solo sea por lo que tiene de invitación a saber, pero vedla como haría la Hipatia de Amenabar, dudando, sospechando… haciendo preguntas.


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