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2 + 2 = 5

Estamos bastante a la intemperie en estos “regímenes de verdad” que vivimos. A veces resulta complicado salir de esta pesadilla tipo 1984 que tan bien retrató Orwell. 1984En la novela de Orwell el Ministerio de la Verdad se ocupaba de gestionar la mentira pública,  dando nuevo sentido a las palabras, borrando el pasado y volviéndolo a reconstruir con relatos convenientes a los intereses del momento. Quizás quienes nos dedicamos a la Historia tengamos especial sensibilidad a estos cambios, en buena medida nuestro trabajo pasa por descubrir y explicar esa trama que vertebra todas las sociedad humanas.

Los nombres no cambian la esencia de las cosas …. ¿o sí?. Parece evidente que hay diferencias entre un Ministerio de la Guerra y un Ministerio de Defensa, entre una “guerra” y un “conflicto armado”.  A menudo tenemos la sensación de que las guerras se libran en los diccionarios.  Mis alumnos de cuarto saben de qué modo tan distinto formulaban el “derecho a la vida” los jacobinos o los girondinos, si ese “derecho a la vida” pasaba por el mero derecho a no ser asesinado  o incluía el derecho a que no dejaran a ningún ciudadano “morir de hambre”. Sin duda ambos defendían el derecho a la vida…… pero tan diferente. Hay que estar muy atentos a los significados pues a menudo hablamos de cosas muy diferentes, nos presentan con la brillante etiqueta de la virtud o de la libertad, el vicio o la esclavitud y la violencia como justicia. Esa labor la hacemos nosotros de manera imperceptible, cada cual le da un significado a las palabras, evidentemente es un significado compartido por una generalidad, posiblemente heredado de un grupo humano, de los conceptos que ha aprendido en la familia, en la escuela, en los medios de comunicación. Nuestro trabajo, si queremos ser dueños de nuestras propias palabras, es definir que entendemos cuando hablamos de libertad, de persona, de vida, cuales son las virtudes que apreciamos y qué vicios nos resultan intolerables. Así construimos nuestras ideas….. podemos hacerlo por nosotros mismos…… o esperar a que otros lo hagan por nosotros (es más fácil, sin duda…. pero no sé que me da).

Lamentablemente las palabras no tienen sentidos unívocos. Todo lector de un ensayo de ciencias sociales ha de leer con atención la introducción y esos primeros capítulos en los que el autor da sentido a los conceptos que va a utilizar. A partir de ahí, la tesis es comprensible, si obviamos estas aclaraciones podemos llegar a falsas conclusiones. Otros textos sin embargo no necesitan  de tales precisiones,  quien los escribe o dónde están escritos nos da una idea perfecta de qué sentido tienen las palabras que utilizan.  Esto lo hacemos de manera imperceptible, automática, las palabras tienen sentidos distintos en las diferentes situaciones, por sus interlocutores, por el tiempo en el que son pronunciadas, por el espacio en el que están escritas……  Cuando lo hacemos mal el error nos lleva a malentendidos, la comunicación se fragmenta, se hace ininteligible. 

Nosotros en la escuela podemos aclarar el sentido de algunas palabras en algunos momentos históricos, podemos precisar conceptos, pero sobre todo debemos provocar esa duda que nos lleva a avanzar  cuestionando nuestras ideas y las de otros para que cada uno de nosotros edifique su propio pensamiento y encuentre razones para sus concepciones y sus ideas.  Unas ideas que tienen consecuencias, puede parecer que nuestras acciones o nuestras silencios son irrelevantes, pero las sociedades se sostienen sobre esos acuerdos, sobre nuestros silencios, sobre la aceptación como válidas y deseables de ideas y concepciones que justifican nuestro presente o que lo impugnan. Participamos o estamos al margen, pero estar al margen es en sí una decisión que tiene su enjundia.

Podemos pensar que el debate no nos afecta, podemos creer que la realidad no nos toca, pero en el uso y el significado que damos a las palabras, el manejo que hacemos de las ideas, nuestros silencios o nuestras acciones edificamos esa realidad que tantas veces entendemos como ajena. Quizás creamos que en nuestro pequeño mundo, entre “los nuestros” esos debates no tienen sentido. Sospecho que pensar de ese modo no es sino  una de las consecuencias de ese régimen de verdad al que nos referimos. 

En 2+2=5 Radiohead construye una metáfora de ese apartamiento, de ese refugio en nuestra privacidad que nos hace llegar a pensar que en la intimidad de nuestros hogares la realidad no llega. Que todo aquello que detestamos ha quedado fuera y va a estrellarse en las paredes de nuestras casas.  Una llamada de atención sobre ese no querer enterarnos de los que pasa y también la certeza de que nuestra capacidad de intervención es muy limitada. Quizás en demasiadas ocasiones no podamos hacer gran cosa pero desde luego no aducir en nuestro favor la ignorancia. Hoy en día en nuestro ámbito la ignorancia es dolosa. 

Para el que se sienta interesado por esa fabulosa novela de Orwell aquí la puede leer entera en pdf: 1984 

Feliz año nuevo

Memoria Passionis

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán del conocimiento en estado puro que la escuela administra. 

La escuela pretende salvarnos a través de la cultura, parte de un principio que quizás debamos considerar de modo más cuidadoso, el que vincula progreso cultural y progreso ético. La escuela tal y como la conocemos es hija de las revoluciones liberales de principios del siglo XIX y nació con tan altos propósitos salvíficos. Si hasta entonces la Iglesia se había encargado de salvar almas sería a partir de entonces el estado, a través de la escuela, el encargado de salvar nuestros cuerpos. La construcción de la ciudadanía moderna es un camino interesante de transitar y descubrir la participación de la escuela en esa construcción es esencial, en especial si uno se dedica a esto de enseñar.

Desde luego el recorrido es paradójico, la escuela ha ejercido su misión salvadora a despecho incluso de sus salvados. Resulta instructivo  profundizar en esas paradojas de la escolarización, nos ayudan a tener perspectiva sobre las razones profundas de lo que ocurre en las aulas y lo que sucede en las cabezas de los alumnos y los profesores. Podemos seguir este discurso en algunos títulos que nos señalan algunas taras que conviene advertir, sino corremos el riesgo de creernos nuestras propias tonterías….. y eso sí que sería patético. Raimundo Cuesta lo  hizo muy acertadamente en Felices y Escolarizados, advirtiéndonos sobre este control de mentes y cuerpos que la modernidad instituye a través de instituciones como la Escuela. 

En cuanto a la correlación entre progreso cultural (ese que justifica a escuela) y progreso etico. Me gustaría poder pensar otra cosa, pero lamentablemente poseer una alta cultura y ser moralmente perverso no está reñido. Cuidado, que no tener esa cultura y serlo tampoco está relacionado, más bien parece que son cosas diferentes. Honrados y cultos padres de familia acariciaban las rubias cabezas de sus hijos antes de salir de casa y después de desayunar escuchando un disco de Bach o cualquier otro gran compositor clásico, se entregaban con burocrática frialdad a la tarea de servir los seis mil cuerpos que las cámaras de gas de Auschwitz devoraban cada día.

En 1962 era ejecutado Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis y cumplidor funcionario que había logrado que los trenes que llevaban a los judíos hacia los campos de exterminio llegasen puntuales a sus fatales destinos hasta poco antes del final de la 2ª Guerra Mundial. La captura por los servicios secretos israelíes de Eichmann, su posterior juicio y ejecución provocaron en Hannah Arendt, una de las principales pensadoras de origen judío del siglo XX,  una reflexión sobre la naturaleza de los actos que llevaron a Eichmann a la horca. Hannah Arendt utilizó en “Eichmann en Jerusalen: Un estudio sobre la banalidad del mal” la propia línea de defensa seguida por el oficial nazi, que consideraba que no había hecho otra cosa que cumplir órdenes. Arendt se sorprendía de la mediocridad de un individuo sobre el que pesaban crímenes tan horrorosos, pero del mismo modo se sorprendía de cómo la maldad extrema no precisaba de individuos enloquecidos, atroces pervertidos o agudos criminales. Bastaba un estado organizado burocráticamente y una jerarquía sólidamente establecida para llevar a cabo las mayores barbaridades de forma efectiva y sin que la culpa ensombreciese la conciencia de sus ejecutores.

Animado por la lectura de Arendt y su propia reflexión sobre el caso Eichmann, un sociólogo norteamericano, Stanley Milgram, profundizó en las tenebrosas sombras de la obediencia y las jerarquías con un estudio que provocó un aluvión de reacciones en contra. Su “Obediencia a la autoridad:  Un punto de vista experimental”  pudo apoyarse en experiencias coetáneas como la matanza de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnan.  La cuestión que nos plantea Milgram es cómo “La persona que siente, por convicción interna, repugnancia por el robo o por el crimen o por una agresión cualquiera, puede de hecho lleva acabo todas estas acciones con una relativa facilidad, una vez que le son ordenadas por la autoridad” .

Antes que él uno de los grandes denunciadores de la barbarie, George Orwell, había escrito mientras Londres era bombardeada “En el momento en que escribo estas líneas, seres humanos altamente civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme. No tienen sentimiento alguno de enemistad contra mi como individuo, ni tampoco lo tengo yo contra ellos. Como se dice, no hacen otra cosa que ‘cumplir con su deber’. la mayor parte de ellos, estoy plenamente convencido, son personas de buenos sentimientos, cumplidoras de la ley, que jamás soñarían en sus vidas privadas con cometer un asesinato. Por otra parte, si consigue uno de ellos hacerme saltar en pedazos con una bomba bien colocada, no por ello dejará de dormir tranquilamente”.  Cuantas veces hemos podido ver después eso que Orwell nos relata, el frío cumplimiento de las órdenes más terribles e inhumanas en nombre del deber, en nombre de un país o de una idea. Pero las consecuencias son “reales”, el sufrimiento que provocan, individual.

Zygmunt Bauman, uno de los más lúcidos intérpretes de la modernidad plantea en “Modernidad y Holocausto” que en la realidad de los campos de concentración descubrimos un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro que nos cuesta reconocer como propio, pero el Holocausto, fue como bien dice, un producto de la racionalidad moderna, fue el resultado de rutinarios procedimientos burocráticos, de cálculos de eficiencia. Fue el esforzado empeño de dar “soluciones racionales” a “problemas” que se iban planteando a medida que cambiaban las circunstancias. Como nos advertía Arandt y nos señalaba Milgram, la mayora parte de los autores del genocidio fueron personas normales que pasarían tranquilamente por cualquier cedazo psiquiatrico por tupido que este fuera. Y es que Bauman, que utiliza el estudio de Milgram como base, considera que la mediación intrínseca a toda burocracia, provoca esa perversa invisibilidad moral.

Los más aterrador, no es que sepamos lo que ocurrió, el alcance del horror organizado por los nazis, sino la idea de que nosotros podríamos también haberlo hecho. Hay quienes, como Reyes Mate, destacan la excepcionalidad de Auschwitz pero no faltan quienes sin negar esa excepcionalidad, rastrean un modo de proceder que se ha repetido a lo largo de todo el siglo XX en diferentes persecuciones y matanzas.  En sociedades  que habían tenido un acceso generalizado a la cultura, en sociedades que podían llamarse sin ambages modernas. 

Nos dice I. Kertesz en “Un instante de silencio ante el paredón” que no comprendemos que aquello haya podido suceder porque nos negamos a reconocer que la barbarie es una posibilidad latente en nuestra manera de vivir. Nos espanta la facilidad con la que los regímenes dictatoriales totalitarios disuelven la personalidad autónoma y hacen del ser humano una pieza constituyente, sumisa y perfectamente ajustada del engranaje estatal. 

Qué poca efectividad parece tener la cultura, gran excusa y trasunto de la educación, qué poca influencia en nuestra percepción del dolor ajeno, de nuestra posición frente a los semejentes. Quizás podamos explicar estas taras desde la lógica de la propia conservación y la obediencia. Podemos argüir que el mal una vez desatado no puede resitirse. ¿Como explicar sino la impunidad de tantos crímenes? La Guerra Civil española, el Gulag, la matanza de Srebrenika,  o los desaparecidos de Argentina o Chile (ved sobre esto el terrible y esclarecedor artículo del pasado domingo sobre el desaparecido Héctor Germán Oesterheld). Sin embargo el testimonio de los pocos que resistieron demuestra que en definitiva es una elección. Entre pervivir en medio de la barbarie más absoluta y arriesgar nuestra vida oponiéndonos a ella, la mayor parte de nosotros elegimos la primera opción. Quizás por eso la memoria de la barbarie es tan delicada, nos incomoda pensar que posiblemente estaríamos del lado de los verdugos. Por eso la memoria es un asunto tan serio y mueve tanta controversia, por eso las víctimas siguen siendo una y otra vez asesinadas y todo progreso parece excusar ese sacrificio (siempre ajeno). 

Advierte Reyes Mate que nuestro tiempo se ha especializado en disimular el lado oscuro de la realidad, en camuflar la muerte, en convertir el dolor humano en artículo indoloro de consumo. Por eso ha podido erigir esa idea de vida libre de sufrimiento, sin embargo la realidad es que el hombre causa y padece dolor e injusticia. Recordar Auschwitz es tanto como reconocer que la pregunta por la felicidad no puede hacerse de espaldas al sufrimiento.  

Manuel Reyes Mate ha dedicado buena parte de su obra a esa “memoria passionis”  a esa memoria del sufrimiento, a su valor y la importancia que tiene para la construcción de una alternativa a ese “progreso” moderno que pasa por encima de individuos, grupos sociales y pueblos enteros. Podéis escuchar al propio Reyes Mate desarrollando esta cuestión en una entrevista que concedió a Canal Sur.

Dice Reyes Mate que el sentido de la educación es hacer frente a la barbarie, enseñar a vivir humanamente. Plantea que debe ser la réplica civilizada a la “banalidad del mal” que debe ayudarnos a sospechar de que el hombre vive consciente o inconscientemente con ese mal elemental. Para Mate, el saber es sufrimiento, no porque en el camino del conocimiento el esfuerzo haya de ser constante y porque este esfuerzo suponga sufrir de alguna manera. Sino porque el sabio que se implica en el conocimiento no separa la substancia de la realidad de la experiencia y al estar pegado a la realidad se familiariza con el sufrimiento. Un sufrimiento que no abstrae o disimula, sino que toma como referente de su quehacer. El que sufre no nos pide que le aclaremos la razón de su sufrimiento, clama por la felicidad de la que se le está privando. Ahí radica uno de los errores más comunes de todo conocimiento, parece que saber el nombre de la enfermedad o lo que lo provoca nos sirviera de alivio. Si planteamos que sufrimos una crisis económica o que la economía de nuestro país es ruinosa basta explicar las razones para que respiremos aliviados. La escuela a menudo cae en esta trampa nos dice el nombre de las cosas, pero no nos da herramientas para conocer su calidad, no pretende defendernos de esos males a los que pone nombre (más si cabe si son del pasado y pueden quedar en adorno culturalista) 

A veces sospecho y me atormenta la idea de que quienes estamos en esto de la educación enseñamos a obedecer, enseñamos a aceptar la realidad como un hecho invariable, a transigir con la injusticia. Hacemos esa historia  sobre la que nos prevenía Walter Benjamin, la que sirve de conmemoración a los vencedores en vez de recordar a las víctimas. Benjamin nos previne sobre ella pues hay una relación entre la reproducción del mal y el recuerdo de los derechos de los vencidos, si estos derechos prescriben nada impediría que el crimen se perpetuara. Por todo ello Benjamin nos aconseja que busquemos la verdad en la basura de la historia, entre los harapos y los escombros de la moderna civilización.  

Recoge Reyes mate la cita de unas palabras que en su última conversación Marcuse le dirigió a Habermas

“¿Sabes? Ya sé donde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentimiento del sufrimiento de los demás”

Cuando dejamos esa compasión al margen nos deshumanizamos, cuando preferimos el olvido del sufrimiento pasado cumplimos con el dictado de quienes levantaron los campos de concentración, pues su propósito no era sólo construir una gigantesca fábrica de muerte, sino sobre todo, un proyecto de olvido, la negación del crimen dentro del crimen.  

A todo esto he dedicado el verano. La verdad es que fundamentalmente a estas lecturas y reflexiones, en ellas sigo y seguiré por mucho tiempo. Han sido mis principales lecturas, he dejado su referencia para el último momento porque me tenían demasiado absorbido como para resumiroslas aquí en un momento.  

Para terminar permitidme que ponga banda sonora a este artículo, se trata del tercer movimiento del String Quartet nº 3 de Dimitri Shostakovich,  con él en los oídos escribo. 

Vocaciones estudiantiles

¿Letras o ciencias?. Quienes vais a hacer el bachillerato el próximo año tomáis ahora una decisión que tiene implicaciones profundas y que mueve más agua de la que parece mover.  Vocación llamamos a esa inclinación a una profesión, estado o carrera, que nos mueve a decidirnos por unos estudios o también por su abandono, en el caso de que esta inclinación nos lleve al mundo laboral por un camino más rápido.  

Pero la percepción que docentes y discentes tenemos de la elección de ese bachillerato de letras o de ciencias tiene a menudo menos que ver con la vocación que con la “facilidad”. Hoy sigue siendo un lugar común, que las letras son más fáciles que las ciencias. Lo que me lleva a pensar que realizar un ensayo filosófico, escribir una novela, reconstruir una sociedad pasada o redactar una ley son tareas mucho más sencillas en términos intelectuales que resolver problemas matemáticos, diseñar una pieza industrial, intervenir genéticamente en una célula o curar un herpes.  También esa distinción nos lleva a pensar que ser profesor o maestro en cualquiera de las etapas educativas obligatorias, es una tarea sencilla, que aquellas personas con menos constancia, menos abnegación e incluso menos talento pueden llevar a cabo. 

Resulta también curioso que los términos de facilidad y dificultad que alumnos y profesores usamos están determinados por los porcentajes de suspensos de las asignaturas. Así una asignatura que año tras año acumula suspensos, es difícil y la que uno aprueba sin dificultad es considerada fácil. Ahora bien, la evaluación (vulgo los exámenes) tiene que ver no con una jerarquización de saberes en función de sus resultados, sino con la comprobación de que los objetivos que nos marcamos al principio del proceso (el curso o los cursos) han sido alcanzados. Parece evidente que hay disciplinas que no consiguen alcanzar esos objetivos casi nunca y otras que parecen tener alcanzados los objetivos desde el principio. Todo esto resulta francamente sospechoso.

Si los alumnos, o buena parte de ellos, no consiguen alcanzar los resultados esperados en matemáticas,  ¿es porque la asignatura es difícil?, ¿porque está más planteada?  ¿o es porque el profesorado no consigue organizar ese conocimiento en la cabeza del alumnado?  Si consideramos que la Historia y la Geografía se esfuerzan en que los alumnos lleguen a tener un conocimiento del espacio y del tiempo bien estructurado y sus resultados son manifiestamente mejores que los de las asignaturas de ciencias… ¿Es porque los objetivos han sido alcanzados realmente? ¿Los alumnos tienen una cultura amplia, adornada de lecturas? ¿Es porque han alcanzado de la mano de las “letras” esos goces estéticos que antes su ignorancia les hurtaba?….. No lo creo. 

Quizás estemos haciendo algo mal. Quizás no estemos cumpliendo con nuestro trabajo. Los unos y los otros, los que suspenden y los que aprueban, y es que me todo esto me sugiere una pregunta. ¿Qué queremos decir de una asignatura cuando la llamamos “difícil”?. ¿Que es difícil de aprobar? ¿De aprender? ¿Que no tenemos claro para qué sirve?

El caso es que todo el conocimiento humano está edificado sobre bases comunes. El razonamiento lógico, el establecimiento de una tesis y su comprobación, la resolución de problemas de diferentes tipos.  Hay problemas matemáticos (de ciencias) sencillos de resolver, que tienen una técnica conocida y asequible y problemas sociales que pese a ser cotidianos y acompañar al hombre desde sus comienzos siguen sin ser resueltos (y esos son los fáciles….. los de sociales, los de letras). La división de saberes entre letras y ciencias, entre fáciles y difíciles, es históricamente reciente. Ni Aristóteles, ni Leonardo ni Bacon eran de ciencias o letras, eran pensadores que trataban de resolver problemas muy diferentes utilizando las herramientas conceptuales adecuadas a cada caso. Hoy sin embargo el ser de letras o de ciencias nos lleva incluso a eludir determinadas tareas, no es raro (me acaba de volver a ocurrir), que a la hora de contar el dinero puesto a escote para una comida, el encargo recaiga en alguien de ciencias….. pues los de letras es evidente que no sabemos contar. Si el que cuenta se equivoca la salida natural es decir…… “no, es que soy de letras”. Quizás convendría reconocer que lo que somos es idiotas, pues sumar y restar son operaciones que se enseñan al comenzar la primaria y que alguien con formación universitaria no puede excusar. 

Quizás una de las evidencias más claras del fracaso de la educación sea precisamente esa mal dirigida vocación en función de “dificultades” por materias. Cierto es que cada cual tiene sus talentos y sus gustos y que suelen unos y otros estar repartidos de muy mala manera. Pero no acabo de ver que ese reparto de talentos tenga diferencias tan marcada al final de una etapa obligatoria como la ESO. No entiendo tampoco, aunque alguna idea tenga al respecto, porqué el conocimiento escolar resulta tan odioso cuando el más necio entiende que saber es mejor que no saber, te espeta una frase del tipo “quien tiene la información tiene el poder” o se desvive por saber sobre alguna cuestión, normalmente alejada de las clases. 

Todo saber surge de una pregunta, del cuestionamiento de lo que percibimos a través de los sentidos, de la necesidad de completar una información para entender lo que sucede. “Es la pregunta la que nos impulsa”, le decía Trinity a Neo en la película Matrix. La cuestión es que la pregunta es personal, pues la curiosidad es personal, no podemos ir sobre la pregunta de otros, o si vamos, desde luego no llegamos tan lejos. Desde luego la escuela que conocemos no contribuye en nada a esa formulación de preguntas que fundamenta el conocimiento. Aprendemos fórmulas, rutinas, estrategias para aprobar que resultan con el tiempo cada vez más fatales, al final uno se ha de enfrentar con sus inconsistencias y si quiere avanzar ha de procurar resolverlas, ahí hacemos la pregunta nosotros y en ese momento aprendemos, conocemos, quizás por primera vez. 

Memorizamos reglas y al final resulta que entendemos por sencillas aquellas asignaturas de las que hemos comprendido mejor las reglas. La técnica de las sociales suele ser memorizar lo que aparece en negrilla en el libro (la pregunta del alumnado es “que es lo que entra”), las de ciencias, resolver siguiendo los pasos establecidos, problemas sin fin (¿vas a poner un problema de ….. ?). Ni en una ni en otra nos lleva curiosidad alguna, no nos arrastra la vocación, nos mueve la necesidad prosaica de aprobar algo que ni entendemos, ni nos interesa ni nos mueva a nada, quizás a un profundo hartazgo y a una desidia infinita.  

Resulta así más fácil de entender el reportaje que hoy aparece en las páginas de educación del diario El País, donde se plantean los criterios de selección utilizados por los alumnos para decidir el bachillerato que quieren hacer, es revelador y demoledor.   Conviene tener una vocación, un gusto por hacer, un proyecto, si nuestro proyecto es simplemente el de “no hacer”, nuestros pasos no nos llevarán muy lejos. Lo difícil nos hace sentirnos orgullosos, nos fortalece, es un reto que superado nos completa. ”Sólo lo difícil merece la pena” decían los griegos, pero lo difícil no sólo es aquello que se nos da mal, a veces los difícil es profundizar en lo que se nos da estupendamente. En cualquier caso os aseguro que ser un buen abogado, un buen novelista, un buen médico o un buen electricista, son todos empeños difíciles. Tomarse en serio el oficio y la vocación no es nada fácil. Lo demás es supervivencia,…… y se nota. Siempre te gusta ser atendido por aquellos a los que ves que les gusta su trabajo y te enferma coincidir con quienes ven en su trabajo un sufrimiento y un sinsentido.

Ya que la condena de trabajar es universal, al menos tener el buen juicio de elegir una condena que os agrade.

El profe se va de convivencias

Me he ido de convivencias….. no sé explicarlo de mejor manera. Unas convivencias con quienes son compañeros de tarea y con quienes llevo navegando mucho tiempo, primero en la lejanía, leyéndoles, después compartiendo con ellos empeños y espacios. Maestros y amigos, arrimados….. gente con la que comparto algunas lecturas e ideas, una visión similar de lo que es la escuela y un proyecto común de reflexión y de acción que se llama FEDICARIA  . Un proyecto que surgió hace ya más de quince años y al que la generosidad de quienes forman parte de esa cofradía me ha permitido unirme y contribuir, pero sobre todo recoger y disfrutar de un conocimiento sobre la escuela, la cultura y la historia, que han ido atesorando a través de publicaciones y encuentros como éste del que ahora vuelvo.  

Como os he dicho a menudo nos construimos en el contacto con los otros, desde luego mi contacto con quienes forman FEDICARIA ha sido fundamental en mi formación como docente y en mi percepción sobre la escuela y las relaciones que se establecen en ella. Indudablemente no es una influencia única, otras hay igualmente intensas, pero desde luego ha sido capital en mi pensamiento. 

Empiezo así el verano, trabajando, ….. reflexionando y leyendo sobre qué modelo de ciudadanía transmite la escuela y sobre las contradicciones de ese modelo y a partir de ahí. Sobre esas ideas cada cual va tomando partido, elaborando su propio pensamiento, en ese contacto con el pensamiento ajeno.  Esa es la parte importante, ese diálogo que establecemos entre aquellos a los que leemos o escuchamos y nosotros mismos. Un diálogo que se establece en nuestro pensamiento, que la mayor parte de las veces ni siquiera se verbaliza, pero que contribuye a formar esa argamasa de la que vamos armando nuestras propias concepciones. Esto no supone que estemos de acuerdo con quienes hablan, con aquellos a los que leemos, a menudo sucede que sus aportaciones o sus ideas nos parecen confusas o equivocadas, pero al hacer el esfuerzo en argumentar nuestros juicios sobre las ideas ajenas vamos elaborando las nuestras, con las discrepancias y con las coincidencias. No hay otra manera. Lo demás…. el seguir un discurso, el memorizar unas consignas, el heredar unas categorías sin hacerlas nuestras, el subirnos a un carro de ideas y saludar desde lo alto, son otras cosas…. pero no pensamiento. Sed cuidadosos con esto y sedlo sobre todo con aquellos con los que coincidís, pues a menudo son más peligrosos para el pensamiento  los acuerdos que las discrepancias.  Los abusos del acuerdo nos hacen estar descuidados en nuestro juicio, nos llevan sin darnos cuenta a lugares a los que jamás hubiésemos querido ir de haber sido postulados desde ideas muy diferentes. Repasad constantemente vuestro pensamiento o acabaréis siguiendo una inercia. Ya sabéis que pensar es incómodo….. eso decía Pessoa por el que alguno sabéis que siento afición.

Juegos e Historia

Hace algunos años, ya bastantes, comencé a jugar al Simcity, manejé legiones con el Centurio, luego llegaron el Age of Empires, el Imperium y alguno menos conocido pero igualmente expresivos de las épocas históricas que retrataban. Mantengo la afición. Evidentemente uno puede jugar a cualquier juego sobre la II Guerra Mundial sin tener ni remota idea de la Historia Contemporánea de Europa, pero lo que también es seguro y parece demostrado, es que al final, tendrá una idea general razonablemente buena de lo que ocurrió el día D a la hora H. 

Hoy un artículo de prensa nos acerca al debate sobre la utilidad de los juegos históricos. ¿Son adecuados? ¿Son educativos? No soy amigo de la Historia de batallas y guerras, pero la historia escolar está llena de batallas y guerras, los juegos de estrategia histórica tienen  las batallas y las guerras como principal atractivo para muchos adolescentes. Sin embargo no sólo batallas y guerras hay en estos juegos, a veces las estrategias constructivas, las estrategias de supervivencia y de crecimiento de las sociedades que representan tienen un papel mucho más importante tanto en el desarrollo del juego como en las posibilidades de ganar una partida. Cómo evolucionan las sociedades, cuales son sus fundamentos sociales y económicos o de qué modo luchaban unos pueblos y otros aparecen en las programaciones curriculares. Los juegos, con distinta oportunidad y talento incluyen algunos de estos factores. Por ello su valor educativo  ha sido destacado a menudo. Los juegos son utilizados por algunos compañeros para enseñar historia, y son una herramienta útil. Vosotros los alumnos aprendéis historia a través de ellos, como la aprendéis a través del cine, de la televisión o de otros medios. La cuestión no es que aprendáis contenidos históricos más a menos fiables, la cuestión para mi importante es que al final  esos juegos son una puerta, una invitación a saber más, un primer paso en el camino de hacernos preguntas históricas relevantes, más allá de la anécdota, algo en lo que los juegos y los propios textos escolares tienen a menudo mucho que ver. 

Como suele ocurrir, lo importante no es tanto su uso como la medida. No puede aprenderse historia de Roma solo jugando al Centurio, pero tampoco se aprende historia de Roma, sólo escuchando al profesor o sólo leyendo el libro de texto, por más que los discursos del libro y del profesor puedan estar mejor fundamentados (que a menudo ni siquiera).  Aprovechad todo lo que tenéis a vuestra alcance. Todo. Construimos nuestro conocimiento con materiales muy diferentes.

Vacaciones, viajar, ver, vivir

Lo hemos conseguido. Estamos de vacaciones por fin. Nos asomaremos de nuevo al mar, pasearemos, viajaremos,….. viviremos. Ahora el tiempo es todo nuestro, no nos lo disputa el instituto.  Seguramente se nos harán cortas.  Los proyectos, las visitas, los días de dormir a pierna suelta, la piscina, el mar o las noches infinitas con los amigos se nos escurrirán rápidamente entre los dedos. Os deseo a todos unas vacaciones estupendas. Cada cual sabe lo que le conviene. Yo viajaré, charlaré, leeré y trabajaré también, hay mucho que preparar, hay mucho que hacer para el año que viene. Pero descansaré también, aunque sea por el ritmo, más pausado, más sereno. 

Para los que habéis sido mis tutelados y tenéis alguna deuda para septiembre, os colgaré en el blog las tareas y los avisos que considere importantes. De todos modos poneros en contacto conmigo a través del correo electrónico para aclarar dudas. 

Para mis alumnos de primero, tercero y cuarto a los que he dejado la asignatura para septiembre, lo mismo, os colgaré aquí las tareas para el verano. 

Felices vacaciones y un abrazo a todos.

Al iniciar el curso

Queridos y queridas: 

 

Bienvenidos y bien hallados. Esta es una invitación a saber. Una invitación a atreverse a pensar, a aprender a preguntar y por supuesto una invitación a encontrar respuestas. Las personas como las ciencias crecemos haciéndonos preguntas, enfrentándonos a problemas que nos permiten evolucionar cuando los solucionamos. En función de vuestros cursos y de las disciplinas que vamos a abordar nos haremos diferentes preguntas, ser curiosos, ser atentos y ser esforzados. El que no se pregunta y sobre todo, no responde por si mismo corre el riesgo de que otros respondan por él, hacerse adulto, es entre otras cosas hacerse cargo de la propia vida, dar sentido a nuestras preguntas. A lo largo de este año nos haremos muchas. De hecho la idea es partir siempre de una o varias preguntas y a partir de ahí avanzar en nuestro conocimiento.  Veréis cómo cada unidad la elevamos sobre una serie de cuestiones, sobre ellas armaremos los contenidos de cada unidad. Por último recordad que estoy a vuestra disposición en las horas de tutoría los lunes y martes a cuarta hora y por supuesto durante los recreos. 

 

Vuestro profesor de sociales-ética y cultura clásica. David  


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Historiar

Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua que Historiar es:1. tr. Componer, contar o escribir historias.2. tr. Exponer las vicisitudes por que ha pasado alguien o algo.3. tr. Pint. Pintar o representar un suceso histórico o fabuloso en cuadros, estampas o tapices.4. tr. coloq. Am. Complicar, confundir, enmarañar. Me gustaría que este blog sirviera a las tres primeras y consiguiera esquivar la cuarta. En cualquier caso nada estaría mejor en este sentido que conseguir que la Historia, la Ética y la Geografía nos sirvieran para evitar ser confundidos, enmarañados o complicados.

El método de aprender

"La búsqueda del saber no se puede realizar sin seis cosas que os indicaré a través de palabras claras: agudeza ingeniosa, deseo ferviente, paciencia, sostenimiento suficiente, la dirección de un profesor y un periodo de tiempo bastante largo" Az-Zarnuji. Instrucción del estudiante. El método de aprender (escrito en el año 1203)

 

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