Lisboa está asomada al estuario del Tajo, tan amplio que resulta inverosímil y que refleja como un espejo la luz de un cielo azul que recuerda los limpios cielos del Guadarrama. La ciudad es blanca y amarilla, bulliciosa , pero no tiene ese desagradable aspecto de escenario que tienen otras ciudades carcomidas por la curiosidad instantánea del turismo de masas. Supongo que es mi calidad de turista pedante la que me lleva a pasear por ella con los fados de Misia en la mente y también la que me lleva a asociar a Pessoa con esas calles y plazas que él transitó hace cerca ya de un siglo.
Fernando Pessoa es un pensador complejo, tanto, que acudió a una larga serie de heterónimos para publicar su obra. Cada uno de esos heterónimos tenía una personalidad completa, no eran nombres que ocultaran la obra de un mismo autor, eran diferentes autores, con personalidades y vocaciones bien diferenciadas. Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campo, tenían una vida detrás que ayudaba a entender sus estilos, desde el campesino autodidacta que había sido Alberto Caeiro, pasando por el ingeniero cosmopolita que era Álvaro de Campo, o al estoico monárquico Ricardo Reis.
Pessoa logró la perfecta ficción de la literatura, la ficción del propio autor, al tiempo que planteaba el sentido teatral de la vida, para el que la personalidad es el principal fingimiento.

O poeta é um fingidor
Finge tao completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.
Me gusta Pessoa, me gusta su poesía y sobre todo me atraen sus pensamientos, recogidos en varios volúmenes de los cuales quizás el más importante sea “El libro del desasosiego”. En las lecturas que a golpe de paseo por Lisboa me he traído de Pessoa y que me han sacudido, me quedo con esta cita tan a propósito de mi oficio.
“O historiador é um homem que poe os factos nos seus devidos lugares. Nao é como foi; e assim mesmo.”
Lo suponía. Efectivamente, situamos los hechos donde deben ir para que puedan explicar algunas cosas. A veces incluso creamos la ficción de que los hechos que presentamos demuestran efectivamente algo. Nada es como fue, si es que fuera posible representar lo que ha sido, cuando a penas entendemos parcialmente lo que es. Una narración verosímil, un relato tranquilizador que justifique el presente, que dé razones a algún hecho relevante.
Sin duda Pessoa encarna la dureza del pensamiento crítico, el que pone en duda las propias bases de lo pensado, el que constantemente mira hacia atrás, en busca de contradicciones de verdades asumidas. Porque como el propio autor sostiene, pensar es destruir.
“Pensar é destruir. O próprio processo do pensamento o indica para o mesmo pensamiento, porque pensar é decompor. “
Y en esas estamos…..
Feliz regreso a ritmo de fado







Comentarios recientes