El Clasicismo es una corriente estética recurrente en la historia del arte europeo. En un sentido estricto el clasicismo es un lenguaje estético que tiene sus fuentes en el mundo clásico y está sostenido en el equilibrio y la proporción y el uso estricto del canon y los órdenes clásicos. Encontramos un periodo clasicista en pleno renacimiento italiano, es el clasicismo que encontramos en nuestro país en el Palacio de Carlos V de Granada o el que podemos encontrar en el Monasterio de El Escorial en su versión más contenida y fría. Sobre este lenguaje clásico el barroco interpretará nuevas formas, desviándose de la mesura clásica. El siglo XVIII vino, de la mano de la razón, a recomponer aquel canon clásico perdido. El Clasicismo se convirtió ya no sólo en una revisión del mundo clásico sino que el mismo clasicismo encarnó el momento esencia de la evolución artística de una cultura.
Johann Joachim Winckelmann fue el principal teórico de un estilo al que conocemos cono Neoclasicismo, por ser en esencia una vuelta al clasicismo anterior al barroco. La arquitectura Neoclásica se inspiró en la obra de los autores de la antiguedad pero encontró en algunos arquitectos modernos modelos para sus pretensiones.

Villa la Rotonda - Andrea Palladio
Entre estos destacó Andrea Palladio, un arquitecto italiano del siglo XVI cuyo pequeños palacios fueron utilizados como inspiración por los autores neoclásicos. El neoclasicismo fue el estilo de la razón, de esa razón ilustrada que cantaban los intelectuales del siglo XVIII. Los edificios Neoclásicos sirvieron tanto a los déspotas ilustrados como a los regímenes surgidos de las revoluciones liberales de finales de siglo. Resulta por ello interesante pasear la vista por edificios que nos resultan conocidos y cuyos esquemas constructivos resultan idénticos a pesar de surgir de regímenes políticos muy distintos.
En Madrid podemos contemplar el Museo del Prado, el propio Paseo del Prado, la Academia de San Fernando, el Jardín Botánico o el Observatorio Astronómico como ejemplos de este estilo que se desarrolló en nuestra ciudad entre los reinados de Carlos III y Carlos IV, gracias a Arquitectos como Juan de Villanueva.
Del mismo neoclasicismo surgió un visión grandilocuente del orden clásico, la de los Arquitectos Visionarios, quienes unieron al lenguaje sereno del mundo clásico los órdenes colosales, las perspectivas infinitas y una concepción idealista de la arquitectura y el urbanismo.

Cenotafio para Isaac Newton
Etienne Louis Boullé fue el más importante arquitecto de esta “arquitectura de las luces”, sus proyectos colosales trataban de darle a la arquitectura un sentido social. Eran grandes espacios civiles, proyectados para el encuentro, el homenaje o la rememoración. En 1987 el director británico Peter Greeneway dedicó su película “El vientre de un arquitecto” a la obra de Boullé, que servía de hilo conductor a la trama tejida entorno a una exposición montada en Roma sobre su memoria.
En el video podemos ver al protagonista repasar las obras diseñadas por Boullé que también podemos observar en esta estupenda página dedicada a su obra. La obra de Boullé, o al menos parte de su inspiración recorre edificios que a diferencia de los que él proyectó, si fueron concluidos.

Basílica - Etienne Louse Boullé
Como los órdenes gigantescos de los grandes edificios de Wasington o el urbanismo racionalista de la ciudad, cortada en cuatro sectores cuyo centro es el Capitolio, uno de esos edificios que está a medio camino entre las inspiraciones palladianas de la arquitectura inglesa y americanas de la época. Si el plano de Wasington se lo debemos a un arquitecto que acompañaba a Lafayette en la Guerra de Independencia Norteamericana, Pierre Charles L’Enfant , otro de los padres de la patria, Thomas Jefferson fue uno de los más activos defensores del palladianismo en norteamérica.


Capitolio EEUU




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