¡A las barricadas! no es sólo una llamada a la resistencia armada en las calles. A las barricadas es el más conocido de los himnos anarquistas, surgido de las revueltas de los revolucionarios nacionalistas polacos que lo transmitieron a quienes acabaron por hacerlo suyo. Pero esas barricadas que canta el himno son más que una canción, son la esencia de la revolución, son la esencia de las luchas urbanas que las dieron sentido.
En los Miserables Victor Hugo nos habla de la Revolución de 1830, una revolución apoyada en las barricadas construídas con los adoquines de esas ciudades europeas transformadas por la industrialización. Unas barricadas que se volvieron a levantar en la ciudad de París en 1848 y que de nuevo se elevaron en 1871 con “La Comune”.
La barricada es la expresión de la guerrilla urbana, es la empalizada levantada por las distintas luchas revolucionarias del siglo XIX en las calles. Tras ellas se parapetaron primero los liberales revolucionarios. Después lo haría el proletariado junto a parte de la intelectualidad de la época, reclamando la justicia social que exigían durante la Convención los Jacobinos ya en 1793.
Ese proletariado cuya vida infame retrataron los escritores del siglo XIX y que protagonizaría en buena medida los distintos asaltos revolucionarios, es el que retratan Dickens, Galdós, Dostoyevsky o Tolstoi. En el cine sería muy precozmente Fritz Lang quien lo hiciera en Metrópolis. La ciudad de los obreros está en las profundidades de la tierra, mientras que la ciudad visible es un sueño tecnológico que disfrutan las clases superiores. Esa vida infame, marcada por el reloj y definida por los ritmos de las máquinas tiene su mejor expresión en esta escena que vimos en clase. Os invito a ver la película entera.
La “Revolución” entendía que otro mundo era posible, esa esperanza animó la Revolución Francesa y estuvo presente en buena parte de los proyectos sociales y políticos del siglo XIX. La Revolución exigía un tributo de sangre, la sangre que empapó simbólicamente las banderas revolucionarias o que las tiño de luto. Ese tributo de sangre llegaría con el siglo XX muy lejos, demasiado lejos, cuando el exterminio del contrario se convirtió no sólo en una política de partido sino en un proyecto de estado.
El tributo de sangre revolucionaria fue cantada por Eisenstein en el Acorazado Potemkin, la escena de la Escalera de Odessa nos presenta el horror de la matanza de indiscriminada de civiles, aquellos cuya sangre fue derramada para alentar una revolución definitiva, la Revolución Rusa que estamos estudiando. Con ese sentido se rodó, con ese sentido Eisenstein presentó, a mayor gloria de la Revolución en marcha, la opresión del pueblo ruso que la había hecho posible. La situación se teatraliza buscando la emoción del espectador, una emotividad que pretende alimentar el ardor revolucionario.
Para quienes queréis saber más de esta revolución que estamos viendo y para quienes queráis hacerlo a través de imágenes, aquí tenéis los tres vídeos que os comenté sobre la Revolución Rusa,…. no son el tema, son un documento más para entender el tema.

Comentarios recientes