El Otro es siempre sentido como una amenaza, esos bárbaros que no hablan nuestra lengua “la lengua” o no tienen nuestra cultura “la cultura”. ….. que aparecen como una amenaza que ha de diluir nuestras esencias. Ante el Otro el hombre tiene tres opciones, el enfrentamiento y la guerra, el aislamiento tras una muralla o el diálogo. Para Kapuscinski, que fue reportero de innumerables guerras, esta es un fracaso, la evidencia de nuestra incapacidad para entendernos con los Otros. A la separación y el aislamiento le hemos dado muchos nombres a lo largo de la Historia, desde el apartheid, a las murallas y fosos levantados por las viejas ciudades medievales para separar a las comunidades, a los modernos “Banlieues” depauperados de nuestras modernas ciudades, donde el estado no llega, esos barrios peligrosos y hostiles que saltaron hace dos años en Francia.
La buena disposición hacia otro ser humano es esa única base que puede hacer vibrar en él la cuerda de la humanidad. Seremos capaces de hablar de nuestra capacidad de alegría y de admiración, dirigirnos al sentimiento del misterio que rodea nuestras vidas, a nuestro sentido de la piedad, de la belleza y del dolor, al sentimiento que nos vincula con toda la creación; y a la convicción sutil pero invencible, de la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones, a esa solidaridad en los sueños en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor que relaciona cada hombre con su prójimo y mancomuna toda la humanidad. Así nos lo recuerda Kapuscinski desde las palabras Joseph Conrad. Lo contrario es la indifernencia hacia el Otro, una indifernecia que conduce a la barbarie de los totalitarismos, una indiferencia que lleva a Auschwitz, tal y como nos recuerda Lévinas. Pero Lévinas no se detiene en la indiferencia de ese anonimato amparado en nuestras sociedades de masas sino que nos invita a mirar, nos plantea el encuentro como la mayor vivencia, la experiencia humana capital. Nos dice que no sólo debemos encontrarnos con él sino acogerlo, responsabilizarnos de él.
Las fotografías de UTK, Jesús Ángel Sánchez, nos acercan a ese otro y nos interrogan sobre la opción que cada uno de nosotros ha escogido,…. ¿Nos hemos atrincherado? ¿Nos hemos dejado llevar por el violento rechazo? ¿Hemos dado una oportunidad a ese conocimiento del Otro?.
La interrogación está en el fundamento de las fotografías de UTK que retrata al Otro no sólo en su acepción de ajeno, sino también en una acepción más terrible, la de sobra, de deshecho, de marginal…. la de aquello que nuestra sociedad deja al margen. Y para ello arranca con la desoladora afirmación de Primo Levy sobre las dos clases de hombres, la de los hundidos y la de los salvados. La mayor parte de nosotros nos consideramos salvados y miramos con displicente indiferencia a los hundidos, los miramos como si se tratara, efectivamente, de otra clase de hombres.
Resulta esclarecedor el encuadre de UTK que más que recortar la realidad la amplía, me honra conocerle, compartir proyectos comunes y alguna conversación a medias…. confío en que su obra sirva para hacernos reflexionar. Podéis consultar su obra Nos…. (Otros) en este enlace, y conocer mejor lo que hace en la referenia a sus páginas web en el margen de este blog.
Estoy seguro de que “Necesitamos historia, pero la necesitamos de una manera distinta a como la necesita el holgazán malcriado en el jardín del saber” tal y como nos recordaba F. Nietzsche en “Sobre las ventajas e inconvenientes de la historia”. Con esta cita encabezaba Walter Benjamin su tesis XII sobre la Historia, para añadir a continuación que “El sujeto del conocimiento histórico es, por supuesto, la clase oprimida que lucha /…/ la clase vengadora que lleva hasta el final la tarea de liberación en nombre de las generaciones vencidas”. 


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